Opinión

Los intrincados caminos de la fama

Por: Procopio | 03 de Abril 2018

Nadie en su sano juicio pudo intuir que esa señorita de baja estatura estaría a cargo de salvar a Francia, habría sido más creíble si hubiera tenido el aspecto propuesto por los artífices de sueños de Hollywood; una doncella un tanto más criadita y con una anatomía harto más heroica.

Pero la verdad es que la auténtica Juana, hija de una familia campesina acomodada no tenía la menor posibilidad de haber sobrevivido al casting, tenía, sin embargo, a su haber un mandato superior, cuando cumplió los trece años confesó haber visto a san Miguel, a santa Catalina y a santa Margarita, quienes la exhortaban a llevar una vida devota y piadosa.

Unos años más tarde, la llamada fue más seria bastante más fuera del alcance de una campesina analfabeta: dirigir el ejército francés, coronar como rey al delfín en Reims y expulsar a los ingleses del país. Por esos años se desarrollaba el sangriento conflicto de la guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, con Enrique VI de Inglaterra, con la ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas.

Como todos saben, ganó Juana, puso a Carlos VII como rey de Francia. También sabemos que no le fue bien en el resto de la campaña, que fue capturada por los borgoñones y entregada a Inglaterra, juzgada como bruja y quemada por la Inquisición. Veinticinco años más tarde, fue rehabilitada, uno poco a regañadientes, por el papa Calixto III, a instancias de Carlos VII.

Se demoró la Santa Iglesia 453 años en canonizarla, y en unos pocos años más Francia la proclama su patrona, habría sido lindo que hubiera sido a la inversa, pero en fin, algo es algo. Es una advertencia para los candidatos a héroe, a veces toma tiempo que lo reconozcan a uno.

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