Recuperar los ríos, las napas y la humedad del suelo no solo asegura las próximas cosechas, sino que reaviva la esperanza de cientos de familias agricultoras.
Mientras la atención, al parecer, suele centrarse en las consecuencias negativas de los sistemas frontales, como inundaciones y remociones en masa, existen efectos positivos de las lluvias que pasan desapercibidos en el momento de los análisis de contingencia.
Es el caso de los recientes temporales que afectaron a la Región del Biobío, una zona golpeada por el déficit hídrico y que superó la marca de los 200 mm de agua caída, entre la semana pasada y la que está en desarrollo.
Para Juan Delgado Troncoso, pequeño productor de Quillón dedicado al cultivo de cerezas y hortalizas, las precipitaciones llegaron en un momento favorable del ciclo agrícola. “Estamos en pleno receso invernal, lo que permite recargar los perfiles de suelo y asegurar una mejor disponibilidad de agua para el desarrollo de los cerezos cuando comience la brotación en primavera”, comentó a Diario Concepción.
Una visión similar comparte Rodrigo Altazar, viñatero de la comuna de Florida, para quien las abundantes precipitaciones representan un alivio. “Después de varios años de sequía, volver a tener un invierno lluvioso es una muy buena noticia para los viñedos, ya que permite recuperar reservas de agua que serán fundamentales durante el verano”, afirmó.
Desde el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) explicaron que el sistema frontal dejó un balance mixto para la Agricultura Familiar Campesina. Por un lado, las precipitaciones permitieron recuperar napas subterráneas y embalses, un hito relevante tras temporadas de escasez hídrica. Sin embargo, advirtieron que la concentración de agua en pocos días y los fuertes vientos también provocaron daños puntuales en algunos pequeños productores.
Más allá de los estragos inmediatos que deben corregirse, estos temporales regalan una tregua invaluable a una tierra golpeada por la escasez. Recuperar los ríos, las napas y la humedad del suelo no solo asegura las próximas cosechas, sino que reaviva la esperanza de cientos de familias agricultoras. En cada gota acumulada actualmente, se siembra el sustento de mañana, demostrando que cuando el agua vuelve, la esperanza del campo se renueva.