Se trata de un territorio siempre expuesto a terremotos, incendios forestales, entre otros eventos de gran impacto en la población.
La costa impactada por la fuerza de las olas, empujadas por las precipitaciones y ráfagas de hasta 170 kilómetros por hora, es parte de las imágenes reiteradas y de mayor viralización del último gran temporal.
La edificación para uso público no solo tiene una función estética, sino también de resguardo.
Siguiendo la misma línea, eso ocurre con el borde costero. Las intensas lluvias de los últimos días y el inusual comportamiento del mar que afectaron al Biobío pusieron nuevamente a prueba la infraestructura destinada a contener la fuerza del agua.
Consultado por Diario Concepción, el ingeniero civil, experto en ingeniería hidráulica y académico de la Universidad de Concepción (UdeC), Óscar Link, señaló que el reciente sistema frontal dejó una evaluación positiva de la infraestructura existente, aunque advirtió que ello no exime la necesidad de revisar periódicamente sus criterios de diseño.
“En términos generales, la infraestructura de defensa, tanto costera como fluvial, respondió de manera bastante adecuada”, afirmó.
Sin embargo, explicó que eventos meteorológicos extraordinarios pueden superar las condiciones para las que fueron proyectadas estas obras, por lo que “es pertinente hacer revisiones periódicas de los diseños (…) para eventualmente hacer adaptaciones y que la infraestructura nueva vaya siendo acorde a la realidad que estamos viviendo”.
Aunque para el especialista, la principal enseñanza del episodio no radica únicamente en el desempeño de las obras. A su juicio, el reciente temporal evidenció la necesidad de analizar este tipo de emergencias considerando la ocurrencia simultánea de distintos fenómenos.
“El evento que acabamos de tener en la región es extraordinario, pero está lejos de ser el más grande que hayamos vivido en el último tiempo”, aseguró, recordando que en 2006 los caudales fueron superiores a los registrados este año.
Lo distinto, explicó, fue que “las marejadas fueron capaces de bloquear la desembocadura de algunos ríos y eso generó inundaciones también en las zonas costeras. Esa coincidencia es difícil que ocurra desde el punto de vista probabilístico”.
Si bien lo del mar es un ejemplo reciente, no se pueden dejar de lado otras obras como carreteras, plazas e inmediaciones de edificios. Menos aún cuando se trata de un territorio siempre expuesto a terremotos, incendios forestales, entre otros eventos de gran impacto en la población.