Asegurar el confort térmico no puede quedar sujeto a la capacidad de cada comuna. Avances como los del Servicio Local de Educación Pública Andalién Costa lo demuestran.
El retorno a las salas de clases tras las vacaciones de invierno ha coincidido con un periodo de frío extremo en la Región del Biobío. Con termómetros que en Carriel Sur han registrado mínimas de hasta 0,3 °C en julio, la habitabilidad dentro de los espacios educativos se ha transformado en un tema central. Sin embargo, la realidad del invierno deja en evidencia una preocupante brecha entre la norma escrita y el día a día de las aulas de la zona.
Desde la perspectiva institucional, el marco legal es claro. El Decreto Supremo N° 548 del Ministerio de Educación obliga a mantener temperaturas mínimas de entre 12 °C y 15 °C. Para ello, la Superintendencia de Educación ha detallado que existen vías para usar fondos públicos, como la Subvención Escolar Preferencial (SEP), e incluso se faculta el uso de estufas a gas certificadas. Las herramientas financieras están disponibles en el papel.
Pese a este andamiaje normativo, la realidad en la región es profundamente dispar y desigual. El Colegio de Profesores advierte que el estándar mínimo no se cumple de forma generalizada en la Provincia de Concepción. Mientras algunos recintos avanzan con sistemas modernos, otros sectores rurales aún dependen de la leña, y en las zonas urbanas muchos recintos simplemente carecen de una climatización adecuada para enfrentar las heladas matinales.
“El tema de la calefacción en los establecimientos educacionales en nuestra región es bastante impar. Existen algunos que cuentan con calefacción por aire acondicionado o central; en cambio, otros sectores rurales utilizan leña dentro de la sala de clases”, aseguró Jorge Barriga, presidente del Colegio de Profesores de la Región del Biobío.
“Aunque, al menos en la Provincia de Concepción, son pocos los establecimientos que cuentan con ese tipo de calefacción. Sabemos que existe una ley que establece unas temperaturas mínimas que debería haber; sin embargo, eso no se cumple en lo general”, acotó Barriga.
La respuesta habitual de sostenedores y alcaldes radica en la falta de recursos económicos que se escapan de sus manos. No obstante, frente a un escenario donde los docentes acusan que el frío es insoportable a las primeras horas del día —afectando el desarrollo de las actividades pedagógicas y obligando a alterar las dinámicas de estudio—, el argumento del presupuesto se vuelve completamente insuficiente para la comunidad del Biobío.
Asegurar el confort térmico no puede quedar sujeto a la capacidad de cada comuna. Avances como los del Servicio Local de Educación Pública Andalién Costa demuestran que es posible gestionar soluciones si existe voluntad. Su director, Ramón Jara, detalló que se han realizado inversiones progresivas y que “actualmente, los recintos cuentan con distintos sistemas de calefacción a leña, pellet, petróleo o gas. Se ha realizado la compra de más de 200 estufas en los últimos 18 meses”.