Convivimos todos en diversos contextos y entornos y, como debería ser siempre, las reglas de la vida en sociedad pasan, esencialmente, por el respeto por el prójimo. Es lo mínimo aplicable.
El Gran Concepción posee una vasta red de áreas verdes, vinculadas a parques, lagunas y humedales. También destaca la presencia del campus de la Universidad de Concepción, todos ellos con un importante aporte al esparcimiento y a la mejora de la calidad de vida de las personas.
Por eso, cuando existen denuncias de contaminación por basura o presencia de animales sueltos en estos espacios, la situación resulta indignante.
Hace pocos meses conocimos la noticia de la muerte de un cisne, producto de la mordedura de un perro con dueño, en la Laguna Redonda de Concepción. Esta semana, en tanto, se denunció la presencia de basura y de caninos sin control en el Parque Laguna Grande de San Pedro de la Paz. Se trata de escenarios que no solo generan molestia, sino que también provocan temor cuando se trata de perros abandonados o sin correa, especialmente en quienes acuden a estos lugares en busca de tranquilidad y contacto con la naturaleza.
De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud, el estilo de vida urbano moderno se asocia con estrés crónico, falta de actividad física y exposición a riesgos ambientales de origen antropogénico. En ese contexto, se señala que los espacios verdes urbanos, como parques, áreas de juego y zonas residenciales con vegetación, pueden promover la salud mental y física, además de reducir la morbilidad y la mortalidad en los habitantes urbanos. Esto se logra mediante la provisión de relajación psicológica, alivio del estrés, fomento de la cohesión social, incentivo a la actividad física y disminución de la exposición a contaminantes atmosféricos, ruido y calor excesivo.
Por ello, es fundamental cuidar estos espacios, ya que son de uso comunitario y requieren responsabilidad. Se debe pensar siempre en quienes acuden en busca de tranquilidad y en el hecho de que se trata de lugares que deben ser seguros.
Jocelyn Varela, presidenta de la Red Humedales Biobío, comentó, por ejemplo, que en el espacio sampedrino ha observado situaciones incómodas con perros que corren sin ningún tipo de control. “La comunidad debe apoyar el ecosistema de la Laguna Grande de San Pedro de la Paz”, señaló.
La clave, una vez más, radica en pensar en los demás. Convivimos en diversos contextos y entornos y, como debería ser siempre, las reglas de la vida en sociedad se basan, esencialmente, en el respeto por el prójimo. Es lo mínimo exigible.