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Editorial

El valor urbano: comercio y patrimonio en Concepción

Por: Editorial Diario Concepción 04 de Enero 2026
Fotografía: Raphael Sierra P.

El centro de Concepción vive una transformación acelerada y visible. La expansión de formatos comerciales de alta densidad —como grandes bazares y tiendas de importación masiva— ha ocupado locales tradicionales y edificios emblemáticos, modificando no solo la actividad económica, sino también la forma en que se habita y se reconoce el corazón de la ciudad penquista.

Si bien el debate inicial se concentró en los precios y la competencia, con advertencias de la Cámara de Comercio sobre el impacto en el comercio establecido y llamados a reforzar las fiscalizaciones, la discusión también tiene otra dimensión: el efecto urbano. La pérdida de vitrinas, fachadas y elementos arquitectónicos que por décadas dieron carácter al centro comienza a instalar una preocupación más profunda sobre la calidad del espacio público.

El problema se vuelve más complejo cuando estos proyectos se instalan en inmuebles con valor patrimonial. En esos casos, no solo está en juego el destino de un edificio, sino la continuidad de una lectura histórica que permite comprender la evolución de la ciudad. El Palacio Castellón, o también conocido como Casa de Pedro del Río, es un ejemplo significativo. Construido entre 1915 y 1917, y declarado Monumento Histórico en 1995, fue intervenido para uso comercial, proceso que implicó el vaciado de gran parte de sus espacios interiores y que hoy lo mantiene albergando distintos formatos de venta.

Algo similar ocurre con el Palacio Hirmas, inmueble de Conservación Histórica según el Plan Regulador Comunal. Tras una larga trayectoria ligada al comercio local y al retail, su arriendo para proyectos de gran escala reabrió el debate sobre su futuro y los límites de la reconversión.

Arquitectos y autoridades coinciden en que estas transformaciones inciden directamente en el paisaje urbano y que persisten vacíos normativos para ordenar la ocupación visual de las fachadas y proteger con mayor claridad los edificios de valor histórico. Desde la Municipalidad de Concepción reconocen que el centro necesita actividad para mantenerse vivo, pero advierten que ese dinamismo requiere reglas claras y criterios técnicos que resguarden fachadas, junto con atributos esenciales.

La discusión, entonces, no es si el centro debe o no tener comercio, sino bajo qué condiciones. Compatibilizar reactivación económica y resguardo patrimonial aparece como el desafío central para evitar que la renovación termine desdibujando la identidad urbana construida por décadas en Concepción.

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