Editorial

El irracional desarrollo de la capital chilena

Por: Editorial Diario Concepción | 27 de Noviembre 2018
Fotografía: Rodrigo Saenz | Agencia UNO

No es infrecuente encontrar en cada folleto turístico de nuestro país, orgullosas menciones a la capital metropolitana, trasuntar convencimiento que sus características, internacionalmente reconocidas, de modernidad, de recursos, de riqueza paisajística, de dinamismo compatible con centros de altas finanzas, bastan para dejar a todo el país ubicado, por proximidad, en la cercanías del primer mundo, con el cual nuestra capital suele compararse, con escasa modestia, casi siempre con autoatribuidas ventajas.

Sin embargo, para los civilizados europeos, expertos en chauvinismo, y para las clases cultas del turismo internacional, la desproporción entre el tamaño, población y recursos de Santiago, de demasiado notoria magnitud, con el resto de las ciudades chilenas, incluyendo las más grandes, deja en evidencia una asimetría dramática en el desarrollo del territorio nacional, casi la definición por sí misma de falta de desarrollo, un país que no ha sido capaz de acercar las partes y mantener desatendida una proporción mayor del territorio nacional, poniendo de ese modo un inevitable freno al crecimiento por oportunidades perdidas, concentrándose en una insaciable megalópolis.

En el mismo marco de centralismo autorreferente se encuentra la imposibilidad de ver, inmersos en su propio bosque, los colapsos y excesos, los enormes cinturones de pobreza, o de una clase media que aspira a más y que termina viviendo tan lejos de su lugar de trabajo que emplea casi un cuarto de su días en solo desplazarse.

Un mapa, publicado en un medio de circulación nacional es de una elocuencia que hace prácticamente inútil otros comentarios, pero aun así utilizarlo para referirse al estado del arte de la descentralización, puede ser de utilidad para las siguientes discusiones sobre el particular, en las cuales difícilmente dejará de estar involucrado cada ciudadano responsable. Lo que la publicación aludida recuerda, es que pese a los discursos, declaraciones y proyectos blandidos triunfalmente para descentralizar el país, las medidas que se dirigen a esa dirección son pocas, resguardadas, mezquinas y por supuesto ineficientes, de tal manera que podría pensarse que hay harto más palabras que hechos, promesas de la boca para afuera. Santiago sigue creciendo y en la región metropolitana ya caben 44 ciudades del país, incluyendo entre éstas todas las capitales regionales.

Como muestra de la falta de visión estratégica, de diagnóstico inadecuado del significado de esta situación, o sencilla ceguera, un consultor del más alto nivel estima que la base del problema es que cada comuna ya es casi una ciudad, que lo que hace falta es un alcalde mayor, el súper alcalde para poner orden en esa enormidad, que el problema es de coordinación, causa de las dificultades y del progresivo deterioro de la calidad de vida de los santiaguinos.

La falta de alma de la descentralización es evidente, es imposible hacer entender que Chile crece mal, que ningún organismo sano y menos un país entero puede darse por saludable con hipertrofia de la cabeza y atrofia de las extremidades, que un crecimiento así, daña a las personas restándoles posibilidades y al aparato productivo nacional, la contribución al progreso de todas las regiones, ante el temor que estas reclamen lo que en justicia debieran tener. La solución no está en esas manos, sino en las nuestras.

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