El beneficio amplía su cobertura, aunque el acceso al crédito sigue siendo un desafío.
•El subsidio incorpora 30 mil nuevos cupos y permite acceder al beneficio para viviendas de hasta 6.000 UF.
•Expertos advierten que el ahorro para el pie, el endeudamiento y las condiciones laborales pueden limitar su impacto.
La ampliación del subsidio a la tasa de interés hipotecaria busca entregar un nuevo impulso al mercado de la vivienda, con 30 mil nuevos cupos y un aumento del valor máximo de las propiedades que pueden acceder al beneficio, desde los límites anteriores hasta 6.000 UF.
La medida amplía de manera importante el universo de viviendas que pueden acogerse al subsidio. De acuerdo con los antecedentes entregados por el sector inmobiliario, el 88,1% de las 99 mil viviendas nuevas actualmente disponibles para la venta en el país se encuentra bajo las 6.000 UF.
Sin embargo, el mayor alcance del beneficio no necesariamente implica que todas esas propiedades puedan ser adquiridas por las familias.
El principal obstáculo continúa estando en las condiciones para obtener financiamiento bancario, particularmente en los ingresos necesarios, el ahorro para el pie y el nivel de endeudamiento de los hogares.
El escenario resulta relevante para un mercado que todavía enfrenta un elevado stock de viviendas sin vender. De las unidades disponibles, cerca de 50 mil corresponden a viviendas terminadas y con entrega inmediata, equivalente al 46,4% de la oferta existente.
La existencia de este stock es uno de los factores que ha llevado al sector a esperar que los incentivos a la compra puedan contribuir a acelerar las ventas y, con ello, generar mejores condiciones para la continuidad de nuevos proyectos habitacionales.
No obstante, el efecto dependerá de cuántas familias efectivamente logren cumplir con las condiciones exigidas para acceder a un préstamo hipotecario.
Uno de los principales límites identificados está relacionado con la capacidad de endeudamiento de los hogares.
Si bien instrumentos como el FOGAES y otros apoyos pueden reducir parte de las exigencias asociadas al financiamiento, las familias igualmente deben contar con recursos para el pie y demostrar capacidad de pago ante las instituciones financieras.
A esto se suma un escenario laboral y económico que todavía genera cautela entre quienes buscan adquirir una vivienda.
Desde el análisis del mercado inmobiliario, se plantea que los incentivos pueden reducir la renta necesaria para acceder a determinados créditos, pero no eliminan otras barreras que actualmente enfrentan los compradores.
Entre ellas aparecen el ahorro insuficiente para el pie, el endeudamiento previo y la inestabilidad de los ingresos, factores que pueden dejar fuera del mercado a hogares que, pese a la existencia del subsidio, no cumplen con los requisitos bancarios.
El eventual aumento de las ventas también podría tener consecuencias sobre la actividad de la construcción. La reducción del stock disponible permitiría a las empresas avanzar en nuevos proyectos y darle mayor movimiento a una cadena que incluye desde la ejecución de obras hasta proveedores y servicios asociados.
De acuerdo con los antecedentes del sector, una parte importante de las obras actualmente en ejecución todavía se encuentra en fases iniciales, por lo que un incremento en la demanda podría generar mejores condiciones para su continuidad.
Pero para que ese efecto se concrete, la mayor oferta disponible debe encontrarse con una demanda que tenga capacidad efectiva de compra.
Ese punto aparece como uno de los principales desafíos de la ampliación del subsidio: el problema no está únicamente en la cantidad de viviendas disponibles, sino también en cuántas familias pueden obtener el financiamiento necesario para comprarlas.
En ese sentido, la ampliación del beneficio entrega un nuevo mecanismo de apoyo al mercado, pero su impacto final estará condicionado por la evolución de los ingresos de los hogares, el acceso al crédito y las condiciones generales de la economía.