Pescadores advierten que días sin faenas ya afectan el sustento de cientos de familias.
Las intensas marejadas y el sistema frontal que afectaron durante los últimos días a la Región del Biobío no solo pusieron a prueba la infraestructura costera, sino que también golpearon directamente el sustento económico de cientos de familias que dependen de la pesca artesanal.
Aunque en la mayoría de las caletas los daños materiales fueron acotados en comparación con otras zonas del país, la imposibilidad de salir al mar ha significado una interrupción de los ingresos diarios para pescadores, buzos, algueras y recolectores, quienes advierten que, de prolongarse las malas condiciones climáticas, la situación podría agravarse.
La actividad pesquera de pequeña escala depende, en gran medida, de las condiciones del mar. Cada jornada sin poder zarpar representa un día sin ingresos para familias que viven de la venta diaria de sus productos, realidad que hoy se repite en diversas caletas del Biobío.
Sara Garrido, presidenta de la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal de Chile, sostuvo que los temporales han afectado de manera importante a las caletas de la región, aunque destacó que la experiencia acumulada frente a este tipo de eventos ha permitido enfrentar mejor la emergencia que en otros territorios.
La dirigenta explicó que las caletas urbanas ubicadas en la provincia de Concepción han logrado resistir los embates del sistema frontal gracias a sus condiciones geográficas y a las medidas adoptadas por las propias comunidades.
En el caso de Coliumo, señaló que el cordón natural conformado por los Tres Morros ha servido como barrera de protección para las embarcaciones menores, permitiendo incluso recibir naves provenientes de otras localidades.
“Coliumo hoy está siendo una zona de fondeo y de abrigo, no solamente para la caleta, sino que también para Cocholgüe, que es la más cercana que tenemos y también embarcaciones de Lebu, que se han quedado en este sector para paliar un poco los temporales”, indicó.
No obstante, Garrido advirtió que la principal preocupación comienza a trasladarse desde la emergencia física hacia las consecuencias económicas.
Explicó que esta época del año ya suele ser compleja para la actividad pesquera, por lo que varios días consecutivos sin poder trabajar agravan aún más la situación de quienes dependen exclusivamente de lo que logran extraer del mar.
“Desde el punto de vista económico, sin duda alguna, si esto continúa se pone un poco más difícil, sobre todo pescadores y pescadoras artesanales, algueras, en estos meses, muy difíciles igualmente para la actividad”, afirmó.
La representante añadió que muchas de las personas vinculadas al rubro viven prácticamente al día. “Muchos pescadores de pequeña escala viven el día a día, viven solamente de lo que ganan. Ahí entran buzos mariscadores, algueros, merluceros, que viven de esta pesquería y se les pone bastante difícil”, sostuvo.
Las consecuencias también se hicieron sentir en Caleta Lenga, en la comuna de Hualpén. Allí, las marejadas deterioraron parte del camino de acceso en el sector del puente, situación que obligó a suspender temporalmente las actividades pesqueras.
Rodrigo Merino, dirigente de la caleta, explicó que el oleaje erosionó el camino, dificultando el normal funcionamiento de la actividad durante varios días.
Si bien valoró que no se registraran daños mayores en la infraestructura de la caleta ni afectación a las embarcaciones, reconoció que la interrupción de las faenas tuvo un impacto inmediato en la economía de los trabajadores.
“Esto nos impacta como pescadores artesanales porque no podemos llevar el sustento a nuestros hogares, además que nosotros vivimos de lo que generamos diariamente. Gracias a Dios no pasó nada en la caleta, ni hubo mayores daños que podríamos contar”, expresó.
En la provincia de Arauco, la situación tampoco ha sido sencilla. En Lebu, una de las comunas con mayor tradición pesquera de la región, las condiciones marítimas obligaron a mantener las embarcaciones resguardadas durante varios días consecutivos, impidiendo el desarrollo normal de las faenas extractivas.
El pescador artesanal y armador Julián Domínguez relató que la incertidumbre crece con cada jornada en que el puerto permanece prácticamente paralizado.
“En Lebu llevamos varios días prácticamente sin poder salir a trabajar por el mal tiempo. Cuando hay temporales así, las embarcaciones tienen que quedarse resguardadas y eso significa que no entra ningún ingreso a la casa”, señaló.
El pescador explicó que, a diferencia de otros sectores productivos, la pesca artesanal depende completamente de la actividad diaria, por lo que una semana sin poder navegar repercute inmediatamente en la economía familiar.
“Nosotros vivimos de lo que pescamos cada día, no tenemos un sueldo fijo, así que una semana sin faena ya se siente fuerte en el bolsillo. Si estas condiciones se prolongan, el impacto económico será cada vez más complicado para muchas familias de la caleta, porque igual hay cuentas y gastos que siguen llegando, aunque uno no pueda trabajar“, advirtió.
La imposibilidad de salir al mar durante varios días ha reducido los ingresos de quienes dependen exclusivamente de la pesca artesanal y de actividades asociadas, como la recolección de algas y la extracción de mariscos.
Diario Concepción se contactó con la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) para conocer un balance oficial sobre la situación de las caletas de la Región del Biobío y eventuales medidas de apoyo para los afectados. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no fue posible obtener una respuesta por parte del organismo.