Economía y Negocios

Ernesto Escobar: “Aún debemos superar muchas vallas para considerar sustentable la operación de Huachipato”

Ejecutivo precisó que US$ 24 millones se usarán en mantención de los altos hornos y adelantó desafíos que vienen en tiempos complejos para el acero.

Por: Francisco Bañados | 08 de Mayo 2018
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Fue una excelente noticia, pero en la histórica Compañía Siderúrgica Huachipato la tomaron con cautela. El viernes pasado, a última hora, su directorio aprobó en Santiago una inversión de US$ 24 millones, principalmente, destinada a la mantención de los altos hornos de la empresa, uno de los cuales permanece inactivo desde 2015, producto de la crisis económica que afecta al mercado nacional e internacional del acero.

Una inversión que, a juicio de los dirigentes sindicales consultados, no solo era importante, sino vital para asegurar la continuidad de una empresa que lleva ya nueve años enfrentando una tormenta tras otra. Una batalla que, pese a todo, comienza a reportarles indicadores alentadores.

Si bien, la siderúrgica del grupo CAP tiene una larga tradición de prudencia e incluso reserva en sus comunicaciones, una vez que trascendió la noticia, su gerente general, Ernesto Escobar, accedió a conversar con Diario Concepción para formular una serie de precisiones que considera relevantes sobre el tema.

– ¿Podría desglosarnos en qué se utilizarán los US$ 24 millones aprobados por el Directorio?

– El monto aprobado por el directorio de CAP corresponde al gasto necesario para reparar y poner en marcha nuevamente el Alto Horno N° 2 de la planta Huachipato, unidad que se detuvo en mayo 2015, luego de agotar la vida útil de su revestimiento refractario. Estas mantenciones mayores son habituales en una planta siderúrgica integrada. Las principales partidas corresponden a las reparaciones mecánicas y eléctricas, y a los refractarios que deben reponerse.

– ¿Cada cuántos años deben realizarse estas mantenciones a los altos hornos?

– Un alto horno puede requerir una mantención mayor cada 6 a 8 años. Sin embargo, su duración dependerá de múltiple factores relacionados con su operación, como así también de las mantenciones parciales que pueda tener durante su vida útil.

– ¿Qué implicará la mantención del alto horno 1? ¿Deberán volver a encender el 2? ¿Existe la posibilidad de que queden los dos operando, o eso sería ineficiente dada la demanda actual?

– Lo que se busca es dejar operativo el Alto Horno N° 2, alrededor de agosto 2019, para proceder a su encendido. Esta unidad ofrece ventajas operativas respecto al N° 1, actualmente en operación, como es un mejor rendimiento, que incide en un menor costo de producción. Adicionalmente, permitirá incrementar la producción de acero destinado a atender el incremento en la demanda de los productos de comercializa CAP Acero. Estos factores permiten recuperar el monto invertido en un breve plazo, que no va más allá de 1,5 años. Una vez que se encuentre en régimen, se procederá a detener el Alto Horno N° 1, manteniéndolo como unidad de respaldo, apoyando la producción cuando sea necesario. En el 2017 CAP Acero produjo 794 mil toneladas de acero líquido. Una vez que opere con el Alto Horno N°2 se podrá disponer de una producción de al menos 900 mil toneladas anuales.

– Queda la impresión de que hubo que dar batalla para obtener este financiamiento, convencer a directores, etc. Sin embargo, no se trata de compra de nuevos equipos y tecnología, sino de una mantención, por así decirlo, obligatoria. ¿Qué habría implicado el que no se aprobaran estos recursos?

– La cuantía del gasto involucrado obliga, por procedimiento interno, a contar con la aprobación del Directorio de CAP. Las difíciles condiciones en que se ha desarrollado el negocio del acero en los últimos años, unido a las dificultades para obtener de la autoridad medidas que corrijan oportuna y eficazmente las distorsiones provenientes del mercado internacional, no hicieron fácil la tarea de lograr su aprobación. Sin embargo, el corto período de recuperación de la inversión y la necesidad de asegurar la operación de Huachipato sin asumir riesgos mayores, influyeron definitivamente en la decisión favorable. La operación sin altos hornos resulta inviable en una planta integrada como Huachipato, motivo por el cual, a la hora de decidir, se tuvo en cuenta el riesgo de no contar con estas instalaciones en buenas condiciones de funcionamiento.

CAP Acero dispone hoy de tecnología suficiente para competir con éxito en mercados tan exigentes como el de los medios para la molienda de minerales y, recientemente, en forma creciente, en mercados de acero especiales, no sólo en Chile sino en países de como Perú, Argentina, Colombia y México.

– En el escenario actual del mercado internacional del acero, se percibe como bastante épico lo que están haciendo en Huachipato. En el último año han tenido algunas buenas noticias, un ebitda positivo, cifras casi en equilibrio, incluso utilidades. ¿Cómo han logrado esos resultados en un escenario tan adverso?

– Las turbulencias del mercado internacional, tanto de las principales materias primas como de la competencia por los productos de acero, han sido factores exógenos difíciles de abordar. Desde el 2013, cuando se decidió la detención de la producción de planos, la empresa ha debido asumir un proceso de transformación profundo, tanto en lo organizacional como productivo, que la ha llevado a mostrar hoy un nivel de eficiencia que ha superado las expectativas más optimistas. Persisten, sin embargo, las limitaciones originadas en la pequeña escala de nuestra operación, condición que se busca compensar por la vía de transformar a CAP Acero en una siderúrgica de especialidades, más que de commodities, y con ello posicionarse en negocios más diversificados y con mejores márgenes.

No podemos desconocer eso sí que debemos aún superar muchas vallas antes de considerar a nuestra operación como definitivamente sustentable. Ellas se originan en factores como la sobrecapacidad instalada a nivel global, la persistencia de una competencia distorsionada procedente de países que subsidian su producción acerera y las turbulencias propias de los mercados de las principales materias primas.

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