Economía y Negocios

Empresa penquista crea bolsas ecológicas que se degradan con agua

La empresa se llama Solubag y es liderada por dos penquistas. Desde China producen las primeras 70 toneladas para testeo con clientes de India, Brasil, USA y Chile. También apuestan con detergentes.

Por: Diario Concepción | 13 de Diciembre 2016
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La empresa se llama Solubag y es liderada por dos penquistas. Desde China producen las primeras 70 toneladas para testeo con clientes de India, Brasil, USA y Chile. También apuestan con detergentes.

Cristian Sandoval Cabezas
Contacto@diarioconcepcion.cl

Cuando una amiga me dijo que por favor los entrevistara, no entendía su apuro. Le pregunté por qué tanta insistencia. “Porque tienen un producto innovador, una bolsa que va a revolucionar el mercado de los envases plásticos. Y además, son penquistas”, me dijo.

Y así fue. Coordinamos la entrevista en Concepción, y lo primero que hicimos, además de conocer las características técnicas de estas bolsas, fue hacer una prueba. Expusimos bajo un chorro de agua fría una bolsa y esta se disolvió, se descompuso de manera inmediata. En menos de 10 minutos, la bolsa se hizo agua.

Se trata de las primeras bolsas, que además de ser biodegradables tienen como particularidad que son solubles al agua fría o caliente. Es decir, ya no es la naturaleza la que en 400 años decide degradar este envase, sino que usted es quien determina hasta cuándo quiere seguir utilizándola. Basta con ponerla en líquido. Y ya está.

¿La idea? Nace del ingeniero comercial y oriundo de Tomé, Roberto Astete Boettcher (41 años), y quien junto a su socio y amigo, el abogado penquista Alejandro Castro Riquelme, fundaron el año pasado, Solubag (www.solubag.cl), con una inversión inicial de 3 millones de pesos. Hoy, gracias a una sociedad ampliada a dos socios más: Cristian Olivares y Salvador Matte, la empresa funciona con una inyección de otros 180 millones de pesos. Monto que ayudó a salvar la idea de Roberto Astete.

Diario Concepción conversó con Roberto Astete, gerente general de esta revolucionaria compañía penquista, antes de emprender ruta de nuevo a Guangzhou, China, y donde tienen oficina con sus partner chinos de la compañía PolyeMat , quienes -por cierto- sí creyeron en la idea de Roberto. En Chile, curiosamente, le dijeron que “no era viable”.

Desde Tomé

A diferencia de otras empresas que hoy nacen a partir de laboratorios, incubadoras de negocios o I+D, llego a la conclusión que esta bolsa revolucionaria de Roberto Astete y sus mosqueteros de la sustentabilidad tuvo su origen en la juventud del tomecino, cuando trabajaba con su padre en la legendaria industria textil Oveja Tomé.

Hijo de Sonia Boettcher y Godofredo Astete, Roberto reconoce emocionado que es un agradecido del apoyo y cariño que le brindaron sus padres. Como un homenaje a ellos, recuerda que sus años de niñez y juventud transcurrieron –además- entre maquinarias, textiles y proyectos. Finalmente, luego de titulado de ingeniería comercial, 10 años en la industria del plástico, ecualizaron perfectamente para llegar a lo que sería hoy su caballito de batalla: la bolsa, pero también el detergente biodegradable.

“Cuando ingreso a la industria del plástico, me dije estas son las mismas máquinas que veía cuando era niño. Por lo tanto, se me hizo más fácil entender los conceptos. Y mi padre me enseñó mucho. Aprendí que el rubro textil es igual al plástico”, dijo Roberto.

La empresa es una sociedad SpA que la componen dos empresas: una es Inversiones Moncun, perteneciente a Alejandro y Roberto; y la otra es Inversiones José Dominga, que pertenece a Cristian y Salvador. Roberto Astete, tiene el 35% de la empresa; Alejandro Castro, el 20%; y tanto Cristian Olivares como Salvador Matte, el 22% cada uno.

Solubag es la empresa madre de la sociedad, dueña de las patentes; también existe Soluplast, que es la importadora y comercializadora de los productos que importan. Y una tercera empresa es Primera, que es la distribuidora de los productos. La idea es separar la creación de lo que es el movimiento general de la empresa. “Queremos que Solubag sea la encargada de seguir ideando nuevos productos y las otras dedicas a la comercialización. No queremos mezclar unas con otras”.

Y el producto

Astete asegura que no existe un producto similar con esta estructura en Chile, ni tampoco en Sudamérica. “Es por eso que tuve que viajar a China, con el objetivo de buscar un proveedor que nos vendiera la materia prima para poder cubrir el mercado”, indica.

La materia prima base de estas bolsas nace del gas natural, que tiene múltiples aplicaciones. Una de ellas es dar con un componente que se asemeja al plástico y es lo que Solubag ha trabajado. “El producto es un PVA (polivinil alcohol) y por eso es que reacciona frente al agua. Tiene oxígeno e hidrógeno. Pero al aumentar las moléculas de oxígeno que viene dentro del agua, el material se descompone”, explica el tomecino.

Finalmente, sumando la historia en experiencias de Roberto en Tomé, con su padre; los 10 años de experiencia en importantes industrias extranjeras del plástico, y a la visión construida con su equipo junto a Alejandro y sus socios, hoy el desafío está listo.

Tienen 70 toneladas de bolsas a distribuir desde China hacia Alemania (estuvieron en una feria industrial y llamaron la atención de varias empresas), India, USA, Europa y Chile, para continuar la etapa de testeo. Vendidas tienen 10 toneladas en Chile con un cliente importante.

Hace hincapié en que el producto está patentado. Y cuenta con las certificaciones reglamentarias tanto en Chile como en el extranjero. En Chile, solo se mide resistencia en el caso de la bolsa. Certificaron bajo una empresa SGS, la cual pusieron a disposición su material para que fuese expuesto a niños que es lo más elevado en contacto. Pasaron todas las pruebas, el límite máximo en uno de los ítems era de 70 mil, ellos registraron 50. “Es prácticamente inocuo. Ahora lo que estamos certificando es biodegrabilidad, porque el material ya ha sido testeado. Si llega al contacto con vertederos, o con el trabajo de la naturaleza, nuestras bolsas en menos de 180 días desaparecen”, asegura.

Visión

Consultado hacia dónde va la empresa, Roberto Astete toma su tiempo. Y además de reiterar el agradecimiento a su esposa Andrea Olivares y su hijo Tomás, reconoce que les debe el tiempo “perdido”. “Ellos han sido fundamentales en este proyecto. Porque no sólo es crear un producto amigable con el medioambiente. Y ser responsables, además de innovadores. Se trata de hacer una empresa humana y con identidad”.

Y ya trabajan además de la bolsa, con detergente biodegradable en láminas. Sin agua ni cal o sal. También material para el rubro de la salud, utensilios en aviones, tuercas, entre otros materiales. Con la idea de seguir innovando y haciendo agua… lo que a diario botamos como basura. Interesante apuesta la de Roberto y su equipo.

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