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Mauro Atán abre las alas y vuela al aro

Tiene solo 13 años, pero ya toca la red. Dice que un día va a clavarla y ese día no se ve muy lejano. El alero del Instituto Humanidades hace de todo en la cancha y verlo jugar es un verdadero placer.

Por: Paulo Inostroza | 08 de Julio 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

“Fíjate en el que juega con la 10 y después me cuentas”, avisa alguien, justo antes de empezar el partido. Y en la primera pelota que toma, encara a un defensor rival, saca el brazo derecho y mete una bandeja perfecta. Así como esa, muchísimas en todo el juego. Fueron casi 50 puntos de Mauro Atán. Y no solo eso, hubo asistencias desde mitad de cancha, un par de tapones que levantaron al público y muchas sonrisas. Porque está claro que destaca sobre el resto, pero sigue siendo un chico que disfruta jugando. Uno que puede llegar muy lejos en esto del baloncesto.

Tiene 13 años, y ya mide 1,73 metros. “En mi familia hay varios que pasan el 1.80”, cuenta el estudiante del Instituto Humanidades. Su mamá acota que “las mediciones y datos que manejan los doctores, nos indican que pasará el 1,90”. Le gusta Kyrie Irving, aunque tiene cosas de varios. El muchacho hace de todo. “De hecho, me gusta más el Eurobasket que la NBA. Es más básquetbol y no tanto show”, señala tajante.

De sus inicios, recuerda que “juego desde chico, siguiendo a mi mamá, que también jugaba y es profesora. Entreno desde los 5 años y en mi familia siempre me han motivado. Creo que año a año he ido subiendo mi nivel. Mi mamá lleva todos mis registros y al final discutimos todos los detalles. Me acompaña siempre”.

Y además de destacar en el Instituto Humanidades, actualmente juega por el club Omega, que hace menos de un año arrancó con su rama de básquetbol y piensa en grande. “Juego por el club Omega y hace poco fuimos a Argentina. Estamos pensando en la Liga Bío Bío para el segundo semestre y se está haciendo un buen trabajo. Antes estuve en Estudiantes de San Pedro de la Paz y también logramos muchas cosas. Soy un agradecido de ese club”, comentó.

En su colegio tiene un equipo donde también sobresale el aporte de otros compañeros, de muy buen nivel. Sobre todo, Román Cendoya, que va un curso más arriba y es su partner en cancha. Se entienden de memoria. Mauro cuenta que “con muchos de ellos jugamos juntos desde los 10 años, algunos ya están en clubes y se nota ese roce y cómo hemos subido de nivel gracias a la competencia. Con Román nos hacemos llamar los ‘Splash Bros’, porque en tre los dos promediamos como 70 puntos por partido”.

De sus virtudes, analiza que “en la cancha, una de mis fortalezas es ser muy versátil, me gusta defender, jugar poste bajo, lanzar, penetrar, incluso, dar muchas asistencias. Puedo hacer hartas cosas, pero el puesto de alero es lo que más me gusta, llevar el balón y definir el juego”.

De sus sueños, apunta que “soy seleccionado regional Sub 13 y con ese equipo salimos quintos en el Nacional de Antofagasta. En un par de años me gustaría ir a Argentina a probar mi nivel y ojalá un día llegar al Eurobasket, que es mi gran sueño. Yo soy un alumno solo regular, pero ahora me he enfocado más en eso, porque el deporte también te abre muchas puertas en cuanto al estudio, becas y esas cosas y uno debe aprovecharlo”.

Coach en casa

En el gimnasio todos saben quién es Lorena Aravena. “Ella, que está anotando ahí arriba”. Sentada en la tribuna, marca los puntos de su hijo, los tiros fallados, sus porcentajes. No se le va una, como siempre pasa con las madres.

Ella cuenta que “en el deporte tenemos una relación de corrección, que al final es una muestra de amor, de preocupación. Lo veo tan motivado, que intento aportar desde lo que sé, le anoto muchas estadísticas y en la casa después conversamos lo bueno y lo que hay que mejorar, lo más fino. Cuando está en cancha me abstraigo, no lo incomodo. Solo animo al equipo, a todos. No grito desde afuera, quiero que disfrute”.

Mauro la indica como gran “culpable” de este amor por los aros. Se abrazan después del juego, sus compañeros saludan a la “tía” que siempre está. “Soy profesora de Educación Física y todavía juego básquetbol de vez en cuando. Ya a los 3 años Mauro me acompañaba a los gimnasios, dando botes a la pelota. Practicó otros deportes, pero en Cuarto Básico ya se decidió por esto. Lo veo feliz, contento, le apasiona y, además, tiene muchas condiciones. Lo veo crecer, sonreír cuando hace algo bien y eso me llena”, señala sin ocultar su emoción.

Y cuando le preguntan hasta dónde puede llegar su hijo, no duda en contestar que “hasta donde sean sus sueños. Trabajando, siendo responsable y disfrutando lo que hace. Ojalá un día pudiera dedicarse a esto de manera profesional, fuera de Chile. Él quiere volar y lo va a hacer”.

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