Cultura y Espectáculos

La UdeC brilla en el escenario nacional y latinoamericano

Las escuelas de verano y los encuentros de escritores desarrollados por el poeta Gonzalo Rojas, la creación de la Orquesta Sinfónica y la consolidación del Teatro (TUC) situaron a la Universidad de Concepción en el centro del desarrollo artístico del país. El rector David Stitchkin Branover fue el gestor que permitió que la institución aportara un legado cultural que se reflejó en el Boom Latinoamericano y el esplendor de una orquesta laureada con múltiples reconocimientos.

Por: Diario Concepción | 22 de Mayo 2019
Fotografía: Cedida

Nicole Contreras / Mauricio Maldonado / Ricardo Cárcamo

“La primera Escuela de Verano no es solamente un estreno para el director del Departamento de Castellano -Gonzalo Rojas-, también lo es para la Universidad y la ciudad de Concepción, las cuales poco a poco se irán acostumbrando al aumento temporal de su población, al despliegue de espectáculos culturales en las calles y recintos, en corto, a un buillicio desconocido en la capital penquista”, describe la francesa Fabienne Bradu, biógrafa del poeta, en su libro “El Volcán y el sosiego”.

En 1952, Gonzalo Rojas mediante concurso obtiene una plaza de profesor en la Universidad de Concepción. El rector Enrique Molina Garmendia le encargó la creación del Departamento de Castellano, asociado a la Facultad de Filosofía y Educación, que dirige durante 18 años con la ayuda de Alfredo Lefevbre y Juan Loveluck. Durante esta etapa el poeta organiza siete escuelas de temporada con el fin de extender el trabajo universitario a todo tipo de públicos que se interesaran por recibir clases sobre las grandes problemáticas culturales de la época, con el fin de atraer nuevos estudiantes y reforzar los conocimientos de los ya matriculados. La primera de ellas tuvo lugar del 2 al 21 de enero de 1955. “El saber sin cultura es una aberración, una mutilación”, afirmaba Rojas.

“Las actividades se planificaban en pliegos de cartulina encima de grandes tableros. Los folletos y programas escritos a máquina iban a las imprentas de Concepción y de Santiago, al igual que los afiches, los que a menudo y todavía con olor a tinta fresca, -recién pocas horas antes de la inauguración-, eran desempacados en las oficinas del Departamento de Castellano”, recuerda Rodrigo Rojas Mackenzie, hijo del poeta y testigo presencial de la gestión de su padre en la Universidad de Concepción.

La revista Atenea publicó que la primera Escuela contó con “la presencia de 44 profesores y conferencistas, 32 cursos organizados, 1.258 alumnos inscritos, 341 horas de clases impartidas en las cuatro semanas de enero, 12 conferencias dictadas y 800 certificados de competencia y asistencia expedidos al término de los cursos después de los exámenes finales”. La segunda Escuela alcanzó los 2.800 alumnos registrados.

La tercera Escuela de Verano de 1957, es la primera que se desarrolla bajo el mandato del rector David Stitchkin Branover, con un total de 4 mil alumnos inscritos en mil cursos. “En esta ocasión, Gonzalo Rojas no da clase, pero se hace cargo de la logística y del discurso de inauguración, en el cual destaca la novedad de esta edición: este año se cuenta con apreciables rebajas en los ferrocarriles de Chile y para obtener el mayo número de alumnos extranjeros se han abierto hogares universitarios para alojar tanto a los profesores como a los alumnos sureños que también se benefician con un mayor número de becas”, narra Fabienne Bradu. Entre los expositores se encuentra Nicanor Parra, con el curso “La expansión del universo y poesía chilena”.

“Esos meses previos a enero eran de febril actividad epistolar y telefónica, nacional e internacional, única manera de coordinar la participación de los invitados. Muchas gestiones había que hacerlas directamente en Santiago por lo que los obligados viajes a la capital en el tren nocturno de entonces eran verdaderas sesiones de trabajo entre mi padre, el rector Stitchkin y otros decanos y profesores de la época”, rememora Rodrigo Rojas.

Encuentro de escritores

La IV Escuela Internacional de Verano impartida en 1958 y que contó con el Taller de folclor nacional dictado por Violeta Parra, incorpora al Primer Encuentro de Escritores chilenos. “La idea tuvo mucho que ver con el hecho de cumplirse entonces veinte años de la Generación de 1938 y mi padre estimó necesario reunir a representantes de la poesía, la narrativa, el ensayo y la dramaturgia, tanto de esa generación como de la llamada generación del 50’, para dialogar acerca de la situación de la literatura nacional al comenzar la segunda mitad del siglo XX”, explica Rojas Mackenzie.

Fabienne Bradú releva en su libro una anécdota narrada por el poeta. “Gonzalo Rojas va personalmente a Santiago a embarcar a su cuadra de escritores a bordo de un avión que los lleva a Concepción. Lo que calla en su momento es que ha emitido un cheque sin fondos para contratar el avión que arriba a Concepción el domingo 19 de enero de 1958, a las 10:45 de la mañana. ‘Dije: el rector de la universidad va a tener que pagar. Y pagó”.

América en el mundo

Entre los invitados estaban los escritores Fernando Alegría, Braulio Arenas, Volodia Teitelboim, Enrique Lafourcade, entre otros.

Bradú destaca que “la prensa penquista y santiaguina dan resonancia al encuentro. Por ejemplo Braulio Arenas destaca en una crónica la adhesión manifestada por todos los escritores a la campaña de alfabetización de la zona sur de Chile, en la que se encuentra empeñado el rector Stitchkin. Asimismo, la revista Andes, enfatiza que la moderna visión de las autoridades universitarias y el diálogo elevado y constructivo de nuestros escritores mostraron un Chile ávido de cultura”.

El rector David Stitchkin, reconocido como un impulsor de la cultura en su mandato como rector, efectuó el discurso de inauguración de la VI Escuela Internacional de Verano en el Salón de Honor. “La Universidad ha elegido como intención sostenida de sus Escuelas el “Conocimiento de América”. Hay, lo he escuchado reiteradamente y por experiencia propia lo sostengo, desconocimiento de los países de América. Sabemos más lo que ocurre en Europa. Es necesario provocar este conocimiento, este interés de parte de los nuestros respecto de lo que sucede, de aquello a que aspiran los demás países americanos”.

Stitchkin agregó que “este año, con mayores pretensiones y no poca audacia, hemos querido reunir en esta Casa a distinguidos escritores de América para que intervengan en un diálogo que esperamos sea fructífero y atractivo. Los invitados podrán expresar abiertamente su íntimo pensamiento, apoyados y amparados en el lema de la Universidad: “Por el desarrollo libre del espíritu”.

“El mundo y nosotros, los hombres medios de la calle, no podemos dejar de manifestar nuestro desconcierto y sorpresa ante las manifestaciones que estas expresiones de la música, la forma en la escultura o del pensamiento en la literatura, van adquiriendo. A mí no se me oculta que estas expresiones del arte obedecen a una rica y rara intuición de un devenir”, reflexionó el rector en el discurso, expresando su interés por la cultura.

Entre los escritores que asistieron al encuentro destacan Enrique Anderson Imbert, Ismael Viñas, Ernesto Sábato, Jaime García Terrés, Carlos Martínez Moreno, Lawrence Ferlinghetti y el poeta de la Generación Beat, Allen Ginsberg. Rojas acordó difundir todas las sesiones de trabajo por Radio Universidad de Concepción para llegar a un público diverso. La mayoría de los autores no se habían visto nunca, por lo que el encuentro fue efectivo también para que conocieran las obras de sus pares. “Porque nos conocemos poco, casi nada, entre nosotros, los de la casa con 19 o 20 habitaciones que se llama América Latina” sostuvo Volodia Teitelboim.

En 1961, por las consecuencias del terremoto del año anterior, las Escuelas de Verano se suspenden. Fabienne Bradu describe que “en lo que resta del año, Gonzalo Rojas se dedica a la preparación de la séptima Escuela Internacional de Verano, que rebasa cualquier proyecto anterior, tanto en la historia de Concepción como en la de América Latina. La larga nómina de invitados, nacionales e internacionales de varios continentes, así como la cantidad superlativa de conferencias, seminarios y espectáculos, impiden aspirar a un recuento detallado”.

“El Banco Internacional de Desarrollo aporta fondos para la realización del evento, gracias a los cuales, sumados a los que destina la Universidad, las actividades se extienden a otras localidades vecinas. Se contrata al traductor del Palacio de la Moneda, Alfonso Echeverría, para auxiliar a los numerosos extranjeros. Un Festival de Artes Plásticas, mucho más ambicioso que las muestras de otros años, acoge a pintores chilenos contemporáneos, brasileños, ecuatorianos, escultores bolivianos y una exposición de libros ilustrados, entre otros, los de Pablo Neruda. Películas documentales latinoamericanas se proyectan en la Casa del Deporte, y conciertos y puestas en escena tienen lugar en el Foro, que también acoge las lecturas poéticas”, recoge Bradu.

Asisten destacados escritores, muchos de ellos quienes en las décadas siguientes darían origen al Boom Latinoamericano. Algunos de los asistentes fueron Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Mario Benedetti, Marta Brunet, José María Arguedas, Pablo Neruda, José Donoso, André Breton, entre otros. El encuentro se tituló “América en el mundo”. En otras disciplinas, cuenta con las exposiciones del arquitecto brasileño Óscar Niemeyer, el sociólogo estadounidense Robert Merton y Amanda Labarca.

En relación a que estos encuentros fueron el comienzo del fenómeno del Boom Latinoamericano, Rodrigo Rojas Mackenzie, destaca que “eso lo postularon muy temprano figuras como Carlos Fuentes y José Donoso y hoy quienes se ocupan de la historia de la literatura latinoamericana del siglo XX también así lo afirman al destacar la participación de figuras como Sábato, Carpentier, Benedetti. Muchos de los cuales aquí se conocieron personalmente y por vez primera dialogaron. Lo que mi padre alguna vez a modo de balance llegó a afirmar, es que de esos encuentros surgió una conciencia del lenguaje y del límite, además de una conciencia social del oficio literario del más alto vuelo”.

Una forma de hacer teatro “a la penquista”

En la ciudad no existían escuelas de teatro universitarias como en Santiago, sin embargo, el TUC se convierte en un teatro de escuela. El libro “Historias del Teatro de la Universidad de Concepción”, de los profesores Adolfo Albornoz, Marta Contreras y Patricia Henríquez, describe su nacimiento en 1945, ligado a la figura de David Stitchkin, quien se desempeñaba como docente de la Facultad de Derecho y era amante del teatro. Él lo funda en 1945 y dirige el primer montaje, “La zapatera prodigiosa” y luego, cuando es elegido rector, realiza las gestiones para profesionalizar el elenco”.

La inteligente elección de la obra es un factor de éxito de este primer montaje y anuncia un estilo de hacer teatro que se caracterizará por su gran nivel profesional y su pertenencia histórica. Las puesta en escena recogieron de allí en adelante lo más vivo del teatro contemporáneo, muchas veces anticipándose a los teatros de Santiago”.

“La magnífica labor de Brisolia Herrera y Alejandro Deij abre un camino que llevará a corto plazo al Teatro Universitario a alcanzar o superar el prestigio que en nuestro país tienen ganados los teatros universitarios de Santiago”, recalcaban los diarios de la época sobre los actores de “La Zapatera prodigiosa”.

El TUC contó con la participación de destacadas artistas de teatro internacionales, como la actriz catalana Margarita Xirgú y la compañía de teatro argentina Berta Zingerman. Xirgú debutó en 1946 con las obras La Casa de Bernarda Alba y Bodas de Sangre.

En 1951 se forma el Consejo de Teatro de la Universidad de Concepción, con el objetivo de fomentar el arte dramático y escénico de la ciudad, lo que se cumple al mantener una escuela de arte dramático y un conjunto teatral. La Universidad se compromete a crear escuelas de teatros en colegios y sindicatos, además de la responsabilidad de seleccionar un repertorio de obras.

En 1953 se pone en escena por primera vez una obra chilena: El ensayo de la comedia de Daniel Barros Grez, la dirige la actriz Brisolia Herrera, quien debuta como dramaturga, convirtiéndose en la primera mujer en Chile en dirigir una obra.

Una de las obras más importantes interpretadas en el TUC fue “Población Esperanza” de la dramaturga Isidora Aguirre, que revelaba la realidad marginal de la época. En la obra participaron actores destacados a nivel nacional, como Delfina Guzmán, Jaime Vadell y Nelson Villagra. La pieza dramática fue llevada posteriormente a Montevideo.

Luego de que David Stitchkin asumiera como rector, el TUC alcanzó aún más visibilidad. “El montaje de “Los Lobos” contó con un especial patrocinio de la Universidad. David Stitchkin deseoso de presenciar los preparativos de la obra, visitó en varias ocasiones al elenco en su sala de ensayos; y Gabriel Martínez, director de la puesta en escena, declaró a la prensa local que “apoyados por el rector daremos al teatro una nueva orientación, aumentando el número de obras, de modo que cada dos meses el público penquista disfrute de un nuevo montaje”, narra el libro Historia del TUC.

En 1957, llega a la ciudad un grupo de actores y actrices desde Santiago, entre ellos Gustavo Meza, Delfina Guzmán, Luis Alarcón y José Soza. En esa misma década, Berta Quiero entró a estudiar a la escuela que tenía el TUC. Allí se formó entre 1955 y 1959. “En su primera etapa, tenía dos elencos: uno con personas que estaban en contacto con el radioteatro, con la radio, que hacían teatro de niños, como Yeya Mora, los hermanos Duvauchelle, y otro grupo dentro de la UdeC que tenía que ver con la FEC donde estaba David Stitchkin, que era profesor de Derecho. En esa época, era un elenco de gran calidad, pero aficionado. Nadie ganaba dinero, excepto el director y la gente administrativa. Eran trabajos de alto nivel”, recuerda Berta Quiero.

Delfina Guzmán comenta en el libro que “gracias a que la idea del teatro como un servicio para la comunidad la compartíamos todos, los que ya estaban en Concepción y los que veníamos llegando de Santiago, afortunadamente no se produjeron roces. Compartíamos todas las labores teatrales y muy pronto configuramos un equipo en el que fuimos como hermanos. Ahora, en lo estrictamente profesional, nosotros en ese momento entendimos, acogimos y asumimos la diversidad del grupo. Los que estaban tenían el oficio arriba del escenario, pero nosotros teníamos la preparación y el conocimiento de la escuela. Y así nos complementamos y creamos una estética clara, muy distinta a las de los Teatros de la Universidad de Chile y de la Universidad Católica”.

Su labor rápidamente traspasó las fronteras regionales, y también nacionales. “Se hablaba de un estilo de actuación a la penquista, de un trabajo de configuración de personajes muy particular al alero del TUC. Pasó a ser parte de la identidad local, y la gente habla de ‘nuestro elenco’. Los vecinos colaboran con el TUC, lo sentían como propio. Hay una pertenencia, donde influyen mucho los medios de comunicación de la época, a generar este vínculo muy estrecho, que irradia hacia otras ciudades y motivó a que varios actores de Santiago quieran iniciar su carrera en Concepción”, dice Patricia Henríquez.

Lo anterior lo reafirma Berta Quiero. “Tuvo reconocimiento incluso a nivel internacional. Tengo críticas de la gira internacional, de Buenos Aires, de Montevideo. Se debe fundamentalmente a la calidad del trabajo. La actividad duraba todo el año, hacían mucha extensión, viajaban a muchos pueblos, llegaron hasta Punta Arenas. La gente de otras partes me decía que preferían venir al teatro de Concepción, no a Santiago”.

Un trabajo brillante que se vio truncado por el golpe de Estado, en 1973. El elenco teatral fue clausurado, así como pasó con los teatros de la U. de Chile y de la PUC.

De su legado, Berta Quiero señala que “en Santiago se hablaba del estilo ‘tuquiano’. Lo comparo un poco con la generación dorada del fútbol, que se juntó un grupo de gente muy talentosa al mismo tiempo. Trabajaban muy bien, se conectaban unos con otros y eso se notaba sobre escena. Los estrenos del TUC era algo que se vivía intensamente. Había que ir formal, salvo la galería, y era un edificio imponente. Se generaba mucha expectación previo a cada obra, los medios empezaban a informar, a entrevistar al elenco con meses de anticipación. Existía una gran conexión y pertenencia con la comunidad”.

Un referente de la música a nivel nacional

El año 1952 marca el inicio de las actividades de la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción, concebida bajo el nombre de Conjunto de Música de Cámara de Concepción. Compuesta por un grupo de estudiantes amantes de la música -14 integrantes- encabezados por Wilfried Junge, el 3 de julio realizó su primer concierto en el antiguo Teatro Concepción. Allí, interpretaron “Bastián y Bastiana”, ópera en versión escénica de W.A.Mozart.

Corcudec

La génesis de la agrupación se sitúa a fines de la década del 40, cuando el cuarteto de cuerdas compuesto por Gastón Bianchi, Alfonso Carrillo, Jorge Landaeta y Carmen Torres se reunía en la casa de esta última a ensayar en Talcahuano. A ellos se fueron sumando más y más entusiastas por las melodías doctas, llegando a conformar una sólida orquesta de cámara. Dentro de las filas de esta primitiva Sinfónica UdeC se encontraba el destacado artista Eduardo Meissner, pianista y autodidacta intérprete de flauta traversa, quien recuerda de aquel tiempo que “fue una invitación de Carmen a algunos músicos que se destacaban en la ciudad, especialmente, en la Orquesta del Liceo de Hombres N°1 de Concepción. Llegué con mi instrumento bajo el brazo creyendo que me realizarían algún tipo de audición, como un posible candidato para la naciente agrupación. Sin embargo, Junge me colocó la partitura adelante para comenzar a tocar, ya que partiríamos de inmediato el ensayo”.

Precisamente fue Junge, director ayudante de Arturo Medina en los coros polifónicos, quien le daría orden y una cierta seriedad al conjunto de apasionados y novicios músicos. Con él, las presentaciones se fueron sucediendo de forma más periódica, y el entonces rector Enrique Molina se mostraba muy interesado en seguir y apoyar la iniciativa. Ayuda que se tradujo en facilitarles las dependencias del Teatro Concepción para ensayos y conciertos, tal como también lo hacía la Corporación Sinfónica de Concepción -encabezada por Arturo Medina- que igual les prestó sus instalaciones e instrumentos.

Con dos años de ruedo musical y ya bajo el nombre de Orquesta de Cámara Universitaria, gracias al apoyo de diversos socios colaboradores se hizo posible traer a los conciertos a destacados músicos y directores invitados, una tradición que se mantiene hasta nuestros tiempos.

Luego de exitosos años de presentaciones, en que se desarrollaron las respectivas temporadas de música clásica, el 23 de abril de 1958 el Directorio de la Universidad de Concepción acordó la incorporación definitiva de la Orquesta de Cámara a la casa de estudios, esto con la intención de transformarla en una verdadera orquesta sinfónica profesional, algo que recién se pudo concretar dos años después. “Tuve que dejar la agrupación en 1956 por ir a estudiar grabado al extranjero, regresando el año 1960 y con intenciones de volver a tocar, pero la orquesta ya estaba profesionalizada”, evoca Meissner.

Corcudec

Mirando al futuro

Con el transcurso de las décadas, la Sinfónica UdeC fue aumentando en integrantes como también en dotar de nuevas melodías el repertorio. Es así como está compuesta actualmente por más de cincuenta músicos profesionales de planta, más refuerzos permanentes de acuerdo al tipo de obras a interpretar. También se han sucedido en su dirección -como invitados- alrededor de un centenar de connotados maestros chilenos y extranjeros.

Desde su fundación, la Sinfónica UdeC ha realizado 64 temporadas oficiales de conciertos con programas sinfónicos, de cámara, Navidad, educacionales, de difusión itinerantes y Jóvenes Talentos. Mientras que en 2003 se inició una nueva línea de trabajo artístico con la instalación de temporadas de ópera, desde ese año en versión escénica completa, y desde el 2008 de cámara. También ha realizado un programa de rescate de música chilena, donde se efectuaron destacados proyectos en torno a figuras como Víctor Jara y Violeta Parra. Además, ha recibido importantes reconocimientos, entre ellos el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, otorgado por primera vez a una Orquesta Sinfónica (2004), la Medalla de la Música, dada por el Consejo Chileno de la Música (2012) y el “Premio Academia 2014” de la Academia Chilena de Bellas Artes.

En la actualidad, está comenzando una nueva etapa bajo al dirección del maestro sueco Mika Eichenholz, quien oficiará como director titular por tres años. También este 2019 concretará el sueño de la internacionalización, pues en noviembre próximo, y gracias a la firma de convenio con la Universidad de Guanajuato, realizará una gira por diferentes ciudades mexicanas.

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