Cultura y Espectáculos

Es terrorífica y, peor aún, un fraude: Cada día

Esta película de adolescentes, que mezcla el drama, el romance y la fantasía, tiene un par de elementos a su favor: unos cuantos momentos visuales y actuaciones decentes. Porque es una de las peores de 2018.

Por: Esteban Andaur | 08 de Julio 2018
Fotografía: Película

Rhiannon es una adolescente de secundaria con un novio desafecto en Justin. Un día, Justin aparece radiante de felicidad ante Rhiannon; luego hacen la cimarra y se van a la playa por el día. En el camino, Justin canta junto a su novia la canción favorita de ésta, <<This Is The Day>> de The The. Al día siguiente, Justin no recuerda la playa ni la canción; hasta que en una fiesta, Rhiannon se encuentra con un muchacho que sí se sabe la canción y la baila con ella. Su actitud se parece mucho a la de Justin aquel día. Lo que sucede es que el chico no es un chico, ni una chica: es un espíritu llamado A, que despierta en un cuerpo diferente cada día, indistintamente de su sexo, género, raza, etc.

El discurso progresista es imperioso, saludable, atinente al hoy. Y habría funcionado, de haber sido ejecutado de una manera honesta, argumentativa. Sin embargo, Cada día (2018) mezcla el romance, el drama y la fantasía, queriendo vender inclusión social a un público en su mayoría adolescente, en lugar de persuadir o corregir prejuicios. Es un perfecto producto hollywoodense, todo plástico, salido, humeante, de una fábrica de embustes y no de la observación humana (sin importar que posea elementos fantásticos).

Mientras es loable que una historia se concentre en lo espiritual de la experiencia del amor, otra cosa es inclinarse por la espiritualidad, negando que el cuerpo es importante. Piensa en la elevación que producen obras de arte como esculturas, pinturas, poemas, canciones, dedicadas a la figura humana, sean cuales fueren las características de ésta: ¿acaso es menos profundo lo que el arte dice sobre el amor cuando considera el cuerpo del ser amado?

Claro, un cuerpo distinto al tuyo no es óbice para que te enamores de esa persona, pero ¿qué pasa si no te gusta? ¿De repente eres una persona horrible? No. Eso se llama ser un ser humano, estar vivo, tener una sensibilidad, una personalidad única. No tiene que ver con la compasión, la moral ni con la política. Y no es propio del arte. Tiene que ver con lo que esta película trata de comunicar: que todos somos diferentes. Es un autoboicot, si te pones a pensarlo, y luego te pondrás a reír.

Cada día no es una historia de amor, es una historia de la sexualidad de sus protagonistas, y está en negación. El problema fundamental del filme es que jamás se refiere al erotismo, algo que no es ajeno a la adolescencia. Hay personas que excitan a otras, que son del gusto sexual de otras, impulsos que, por supuesto, pueden ser estimulados también y en igual medida por el intelecto. No obstante, afirmar que el alma está desconectada del cuerpo es una aberración: cuando uno ama, uno ama todo, y ese todo incluye el cuerpo.

Dueño de los cuerpos

Que A, el espíritu, tenga una complexión distinta cada día, como quien cambia de ropa, es un insulto a la diversidad social; las personas discriminadas, privadas de derechos civiles, minorías de todo tipo, no son desechables. A asume el look y los hábitos de desconocidos (que funcionan como cada estereotipo popular rechazado por la industria de la moda), pero tan sólo por 24 horas, durante las cuales el verdadero dueño de esos cuerpos no está consciente, en su mente o en su espíritu, de lo que le está pasando, puesto que A ocupa todas sus facultades sensoriales. Por lo tanto, ¿de qué sirve que A no pueda evitar proceder con esa empatía forzada si no deja huellas? El propósito es hacernos creer que sí, en Rhiannon, ampliando su perspectiva del amor y blablablá.

Por su parte, ella queda muy mal, nada más que como una aprovechadora de las circunstancias para tener experiencias sexuales sin culpa y sin cuestionarse temas más complejos que la película es demasiado inepta para manejar.

O sea, si Cada día se esfuerza tanto en <<diversificar>> a A, entonces ¿por qué tiene relaciones sexuales con Rhiannon sólo cuando es un muchacho caucásico y de buen pasar? No sólo eso. A sabe que no podrá estar toda la vida con Rhiannon, y cuando despierta en el cuerpo de un joven rubio, intelectual, sensible y musculoso (la cámara es enfática en su torso sin polera en la primera escena en que lo vemos), lo <<elige>> para ella. A, como un hombre, es decir, él, le dice a ella lo que le conviene. Eso es un sentido patriarcal solapado.

Rhiannon es un personaje inverosímil, no reacciona como una adolescente de carne y hueso (oh, olvidaba que el cuerpo es irrelevante). Y ya que lo menciono, ¿cuándo estudia? Para estar terminando la secundaria, me asombra que esta chica jamás hable sobre su futuro o si irá a la universidad, y cuenta con demasiado tiempo libre, el cual emplea en sus citas con A. Sólo cuando éste posee a Rhiannon, él le hace las tareas. Ahora bien, si A habita en la chica que ama, ¿cuál será su comportamiento en la cama, en la ducha? ¿Cómo podrá respetar un territorio que no le corresponde y que, empero, desea? your name. (2016), el filme de anime, era más transparente al respecto. En cambio, Cada día hace trampa con diálogos condescendientes, que provienen de la conciencia de A con la voz de Rhiannon. Así como una posesión demoníaca (uy).

Pese a que él le deje notas, aseverando que se comportó bien en su día dentro de ella (¡puf!), es imposible no dudar y no vislumbrar una horrible situación de abuso; y es que ambos se muestran muy sexuales en su relación, compartiendo besos y caricias dondequiera, los cuales son expresiones sexuales, y, ciertamente, lo son en el contexto de esta película.

Y, sí, es todo un engaño. En ningún diálogo se menciona la palabra <<sexo>> ni sus derivados, siendo éste el tema central. Quizá para asegurarse una calificación blanda con alguna comisión de censura, los realizadores omitieron la palabra, como si los adolescentes jamás tuvieran relaciones sexuales antes de la mayoría de edad. Eso sí, pueden mostrarlo, aunque sea después del coito, porque en ese caso es respetuoso. Claro.

En cambio, el número de veces que escuché el título del filme en los diálogos me dejó perplejo. Es repetido en reiteradas ocasiones por diferentes personajes (incluyendo a un par de apoderados), expresando sus tribulaciones vitales; pero el mensaje, en el fondo, es que el amor lo conquista todo. Parece que una conversación sincera sobre lo que de verdad está pasando en esta historia era inviable.

Algo que rescatar

Cada día es monótona y soñolienta. La misma escena se repite una y otra vez: una cita, a veces idílica, entre Rhiannon y A, donde vuelven a filosofar sobre el significado de su inédito vínculo. Hacen lo mismo hasta el final.

El filme confía en que le podemos perdonar su timo, ya que tiene un beso lésbico interracial… dentro de otras minorías que explota con una sonrisa cínica.

Por suerte la iluminación evoca belleza a lo largo del metraje, engalanando el drama, aun cuando los planos sean a veces acaparados por un vulgar product placement de Instagram, el peor que he visto desde Emoji: La película (2017).

Y, al menos, la canción de The The está bien usada, aunque comparta una palabra con el título (no, no es una coincidencia).

Además, debe haber algo bien degenerado en proponer que la única forma de aceptar diferencias de cualquier índole en las personas, es si te involucras en algún tipo de conducta sexual con ellas. Como si la humanidad no contara con otras dimensiones de las cuales disfrutar, y amar en un sentido que no sea romántico.

La película es, de hecho, bien terrorífica y manipuladora. Un fraude. Llega a ser pornográfica. Es el porno de la inclusión.

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