La iniciativa, seleccionada en el fondo nacional ChileAves 2030, instalará estaciones autónomas de registro en el archipiélago Diego Ramírez y vinculará la evidencia científica con la flota pesquera y comunidades escolares de la Región del Biobío.
• Fundación Bandada se adjudicó fondos del programa ChileAves 2030 para implementar un sistema de monitoreo remoto del albatros de cabeza gris en el archipiélago Diego Ramírez (Región de Magallanes).
• La zona alberga cerca de 18 mil parejas reproductoras, equivalentes a más del 90% de la población nacional de esta especie amenazada a nivel mundial por la captura incidental en pesquerías oceánicas.
• Los datos reproductivos obtenidos mediante cámaras trampa permitirán coordinar medidas de mitigación con la flota pesquera del Biobío y desarrollarán un programa pedagógico entre escuelas de Puerto Williams y la provincia penquista.
Ubicado a 113 kilómetros al suroeste del Cabo de Hornos, en el límite septentrional del Paso Drake, el archipiélago Diego Ramírez constituye el último punto emergido del continente sudamericano antes de la península Antártica.
En estos islotes azotan vientos extremos y habita una colonia de cerca de 18 mil parejas reproductivas de albatros de cabeza gris (Thalassarche chrysostoma), cifra que concentra más del 90% de la población de esta especie en Chile y que representa una de las reservas reproductivas más determinantes a nivel global.

Cedida | Cristián Suazo
Para asegurar la supervivencia de esta ave marina catalogada internacionalmente en peligro de extinción, Fundación Bandada se adjudicó uno de los cuatro fondos del programa ChileAves 2030.
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La convocatoria, impulsada por la asociación gremial Transmisoras de Chile con el patrocinio del Ministerio del Medio Ambiente, seleccionó cuatro propuestas entre 28 proyectos admisibles en el marco de la Estrategia Nacional de Conservación de Aves (ENCA 2021-2030), entregando $5 millones y acompañamiento técnico a cada una entre noviembre de 2026 y noviembre de 2027.
Respecto a la selección, el director ejecutivo de Transmisoras de Chile, Javier Tapia, destacó que “las propuestas seleccionadas combinan conocimiento científico, acciones concretas de conservación y colaboración entre organizaciones y especialistas”, apuntando a generar resultados medibles frente a las presiones que enfrentan los ecosistemas.
Por su parte, el presidente de Fundación Bandada, Patricio Ortiz Soazo, valoró el respaldo a la trayectoria de la organización.
“Estamos muy contentos y agradecidos por esta adjudicación, porque representa una oportunidad concreta para avanzar en la conservación del albatros de cabeza gris en el archipiélago Diego Ramírez, uno de los lugares más importantes para la reproducción de esta especie a nivel mundial”, indicó.
Así, el dirigente recalcó que el proyecto “nos permitirá fortalecer el monitoreo y generar información relevante para mejorar la gestión de la conservación en un territorio remoto, donde las condiciones de acceso y el clima representan importantes desafíos para el trabajo de campo”.
El albatros de cabeza gris es un ave estrictamente oceánica que sólo toca tierra firme para reproducirse. Su ciclo biológico es de alta exigencia: ponen un solo huevo por temporada y, debido al desgaste energético de volar miles de kilómetros hacia aguas antárticas para capturar alimento como krill y calamares, se reproducen únicamente cada dos años.
Cristián Gonzalo Suazo Oliva, investigador y coordinador de Albatross Task Force (ATF Chile) de BirdLife International (quien asesora la línea marina de Fundación Bandada), detalló la fragilidad del ave.
“Es una especie que escoge justamente aguas muy abiertas, tiene una relación sumamente íntima con Antártica, por lo tanto es una especie muy sensible también a cambios que se vienen aproximando con el cambio climático. Su reproducción incluso le puede tomar criar en un año y en el segundo año saltarse; no puede reproducirse todos los años y eso constituye una fragilidad”, detalló el experto.
A diferencia de otras colonias circumpolares que han visto reducciones drásticas —con mermas sobre el 40% en el Atlántico Sur y de más del 90% en islotes cercanos a Nueva Zelanda—, la colonia de Diego Ramírez se mantiene relativamente estable gracias a la ausencia de depredadores introducidos. Sin embargo, su principal amenaza radica en el mar abierto debido a la captura incidental en faenas de pesca con espinel o palangre.
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“El cabeza gris particularmente enfrenta una amenaza que tiene que ver con la muerte accidental en pesquerías. Cuando encuentran un barco de pesca se acercan para obtener alimento desde la carnada de un anzuelo, y al tratar de agarrar esta carnada, resulta que mueren ahogados porque quedan enganchados y se van a la profundidad junto con el material de pesca. Esta reproducción de cada dos años no es capaz de contrarrestar la mortalidad de adultos en las pesquerías”, advirtió Suazo.
La investigación en terreno se articulará mediante una alianza técnica entre Fundación Bandada, BirdLife International y la Universidad de Magallanes.
Para sortear el aislamiento y las barreras climáticas del archipiélago, se desplegarán estaciones de monitoreo autónomas equipadas con cámaras trampa dotadas de sensores de movimiento.
Según prevé Suazo, este registro continuado permitirá levantar con precisión el calendario reproductivo del ave: el periodo de incubación, el crecimiento y éxito de los polluelos, y el momento exacto en que los juveniles abandonan el nido y se dispersan hacia mar abierto.
De esta forma, esa información científica tendrá un impacto directo en la gestión pesquera de la Región del Biobío, una de las zonas con mayor flota y esfuerzo extractivo del país. Conocer los tiempos de desplazamiento de los albatros permitirá a las autoridades marítimas y a las empresas ajustar calendarios, fiscalizar el uso de medidas de mitigación obligatorias —como las líneas espantapájaros (tori lines)— y reforzar capacitaciones a tripulaciones en técnicas de manipulación y liberación segura de aves, asegura Suazo.
Junto con el aspecto productivo, el proyecto contempla un componente de educación ambiental que enlazará territorialmente ambos extremos geográficos: escolares de Puerto Williams (comuna de Cabo de Hornos) interactuarán mediante talleres colaborativos con alumnos de un establecimiento del Biobío, siguiendo las rutas migratorias de los albatros y conociendo su rol ecológico en las costas chilenas.
Desde Fundación Bandada —entidad que desde 2022 trabaja en el Biobío protegiendo el humedal Rocuant-Andalién y áreas de nidificación del pilpilén común en Playa Isla de los Reyes—, Ortiz concluyó que el desafío regional radica en “avanzar desde iniciativas aisladas hacia una gestión de conservación de largo plazo (…). La protección de las aves no puede depender solamente de esfuerzos puntuales: necesita continuidad, conocimiento, compromiso público y colaboración entre organizaciones, comunidades, academia y autoridades”.


