Carta al director

¿Dónde están nuestros grandes humanistas?

Por: Diario Concepción | 11 de Agosto 2018
Fotografía: Archivo.

Después de la posverdad, esa verdad fragmentada en mil pedazos por el subjetivismo, ¿qué nos queda? Después de la desintegración del humanismo promovido por el individualismo y por un descontrolado consumismo, ¿qué queda? ¿Un vacío existencial? ¿Un debilitamiento de la cohesión social? ¿La sombra latente de la muerte de las ideologías?

La cultura ese crisol transformador creativo, en momentos cruciales de la humanidad, ha abierto e iluminado el camino llevando a la civilización a nuevos estadios de progreso. Recorramos el camino, re-creemos la mirada en la herencia de hombres de excepción.

Goethe, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Cervantes, Shakespeare, Victor Hugo, Mozart, Gabriela Mistral, Simón Bolívar y tantos otros que se adelantaron a su época fueron grandes espíritus. Su grandeza residió en ese impulso creador, en esa genialidad que les permitió introducirse en el futuro con esa fresca y radiante vitalidad, propia de las obras inmortales.

Muchos de ellos en su tiempo fueron incomprendidos, e incluso perseguidos, otros en cambio recibieron el reconocimiento, la adulación de sus contemporáneos. Unos pocos recibieron el apoyo de mecenas, quienes pusieron a su disposición parte de su fortuna. Esfuerzos creadores fueron sus vidas, esfuerzos que normaron su personalidad llevándolas a cristalizar, plasmar, transfigurar en arte todos los contenidos vitales. Tal fue la vida de Goethe, el artista de la serenidad clásica.

Nadie como él pudo ser más consciente de una exigencia de dominarlo todo, pensamientos, pasiones, para construir una obra incesantemente nueva. Junto a él en las constelaciones del tiempo, el gran Leonardo cuya vida se realizaba y consumía en el torbellino de la creación, conduciéndolo como iluminado a traspasar provocadoramente las fronteras de su época. Su inteligencia plástica, fértil casi ilimitada, fue un enigma. Enigma que cristalizó magistralmente en la sonrisa impenetrable de la misteriosa Gioconda. Más allá Miguel Ángel, ese coloso de la escultura, el cual en un momento de éxtasis estético, ante la perfección  de su obra, formulaba esa legendaria exclamación: “¡Habla Moisés!”.

Hablar de escultura es pensar en Einstein, ese artista de la relatividad que logró esculpir  en los símbolos matemáticos toda la armonía del universo. Universo caballeresco de Don Quijote, ese personaje literario medio loco de sabiduría, heredero de todos los idealismos, cabalgó de la pluma de Cervantes introduciéndose hidalgamente por las estepas de la inmortalidad. Disímiles personajes Don Quijote y Hamlet, caminos  de ideales, laberintos de la duda los separaban, no obstante, la genialidad literaria de los autores los hacía encontrarse y unirse en la fragua del tiempo. En este multifacético paisaje de creadores, Victor Hugo dibujaba en la tela de su época los rasgos universales de la grandeza y miseria humana. Más allá, Mozart, el niño prodigio, hacía vibrar con sus acordes los cimientos  de la música.

Y lejos… en el horizonte en el extremo del mundo una mujer arrullaba con ternura la infancia y el paisaje chileno. La incomparable Gabriela Mistral, la cual ante la adversidad de su tiempo respondía dignamente con la grandeza de su obra. Unida a ella más allá de la muerte, ese visionario de la integración latinoamericana, Simón Bolívar.

Recorrer la trayectoria de estas personalidades, encontrar un armónico equilibrio entre el creador y su obra, entre las contingencias que los rodearon y la intensidad de su vida, implica descubrir la trama construida de símbolos, de formas plásticas, de ideales inacabados de sonoridad musical, es poner de manifiesto el hilo conductor que nos permite reconstruir una clase de inteligencia excepcional condicionada por un impulso plástico, que los llevó a transfigurar la realidad transformándola casi en una sensación.

De la savia de estos creadores, de la fuerza de los hechos, del brillo y de la claridad del lenguaje, de la magia de la metáfora, de la belleza y armonía de sus obras, de la visión estética del universo se podría nutrir el pensamiento nuevo, tal vez el tiempo hará desaparecer lentamente sus aristas de quimera.

Gloria Abarca Berenguela.
Profesora de Estado en Filosofía
Magíster en Psicología Social Universidad Paris VIII
Estudios Doctorales Universidad Paris VIII

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