Carta al director

Integración plástica

Por: Diario Concepción | 12 de Enero 2018

En todos los períodos florecientes del arte, a través de la historia entera de las sociedades, la plástica fue INTEGRAL. Lo fue en China, en Egipto, en Grecia, en Roma, en la Edad Media Cristiana, en el mundo árabe, en el pre-Renacimiento, en el Renacimiento, en la India, en la América pre-hispánica y aun en la América Colonial. Fue, para decirlo con mayor claridad, una expresión plástica simultánea de arquitectura, escultura, pintura, policromía, etc., PLÁSTICA UNITARIA.

Tal unidad plástica se debió, fundamentalmente, a su funcionalidad igualmente integral: funcionalidad por apego a las particularidades climatológicas, a las características del subsuelo y suelo, a la técnica, a los materiales, a las herramientas, específica e históricamente correspondientes Y, asimismo por apego, como objetivo final, fue fiel al cometido social-estético de su época.

En el mundo plástico contemporáneo —antesala histórica de un nuevo Renacimiento— la arquitectura y la pintura crean, pero sin encontrar aún el punto de su nueva coincidencia, dado el carácter incompleto e intrascendente de sus concepciones, sociales y estéticas, sobre FUNCIONALIDAD.

El movimiento muralista mexicano, nuestro movimiento (1921-1950), que partió de un propósito funcional político, constituye una excepción en el conjunto arriba señalado del arte moderno internacional. De ahí su enorme trascendencia histórica.

(…)

La separación de la escultura, la pintura, los vitrales, etc., de la arquitectura fue una consecuencia natural de los conceptos individualistas correspondientes a la sociedad post-Renacentista, a la Sociedad Liberal. La sociedad nueva será, cada vez más, una sociedad colectivista, infinitamente más amplia en este sentido, de lo que fueron las sociedades engendradoras del pasado artístico, pues aquéllas tenían un carácter teocrático, colectivo-religiosos, y estuvieron dirigidas por minorías esclavitas.

El mundo de hoy, anticipo del mañana, es ya un mundo multitudinario, para servicio, entre otras muchas cosas más, de la plástica integral. (…)

En el muralismo mexicano, y en todo el universo, se presenta un problema: ¿qué hacer con los edificios viejos (viejas arquitecturas), aquellos que fueron construidos cuando la Colonia, y a principio de siglo XIX, que aún se encuentran en condiciones de uso? Sin duda alguna, nuestro mundo y del próximo futuro será asimismo un mundo de adaptaciones arquitectónicas, toda vez, que no es factible derruir las viejas ciudades y construir nuevas como arte de magia. Ese problema —el de la adaptación de los viejos edificios— es particularmente importante en los países de América Latina, así como en todos los de valiosas tradiciones arquitectónicas y económicamente atrasados.

Fuente: Siqueiros, David Alfaro. (1996). Como se pinta un mural. Concepción: Ediciones Universidad de Concepción. pp. 15, 16, 27. (La primera edición se realizó en México en 1951)

Aporte de Javier Ramírez Hinrichsen director del programa de Magíster en Arte y Patrimonio Facultad de Humanidades y Arte

Universidad de Concepción

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