Opinión

La discutible medida de las cosas

Por: Procopio | 04 de Agosto 2017

Hay un propuesta de la antigua Grecia, como muchas otras que, por su potencia, han logrado cruzar prácticamente indemnes dos mil quinientos años, que aparece tentadoramente vigente, se trata de uno de los mensajes más atractivos de los sofistas, sobre todo a la primera lectura, un llamado poderoso a la vanidad de la especie;  “el hombre es la medida de todas las cosas”, dejando, precisamente, todas las cosas relativas a sí mismo. Noción harto peligrosa, ya que desaparecen los absolutos, como los valores y los principios, por ejemplo, que quedan sujetos a la medida del hombre, a su interpretación arbitraria, transformado así en autorreferente por excelencia.

La sociedad experimenta prontamente las consecuencias de esa manera acomodaticia de actuar, porque todo puede justificarse o borrarse con las maniobras adecuadas. Actuación que es una amenaza permanente de la vida política, el arte de lo posible, como reza una de sus definiciones, que fácilmente puede transformarse, ya que se presta,  en un monumento a la inconsistencia.

La política debe ser, en cambio, una fortaleza de la sociedad en la custodia  de los valores, sus representantes debe tener, por sobre, todo autoridad moral. Difícilmente puede ser digerible el concepto que todo puede resolverse con acuerdos posibles, sin detenerse en pensar que hay situaciones moralmente imposibles, o a veces imposibles desde el punto de vista de la dignidad, la decencia, o el honor, si es que este último valor tiene aún significado.

La llamada clase política, transformada a veces en  una sociedad de socorros mutuos, sin otra consideración que autoperpetuarse, está obligada a recuperar su autoridad moral, sobre la cual la ciudadanía tiene severas reservas.

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