Cultura y Espectáculos

Crítica de cine: El camino de Alain Johannes

Por: Esteban Andaur | 27 de Julio 2017
Fotografía: Archivo

El documental del músico chileno se exhibirá hoy por última vez en la Alianza Francesa a las 19 horas, como parte del programa MiraDoc.

El nombre de Alain Johannes es poco conocido en Chile, su país natal. Hijo y sobrino, respectivamente, de los difuntos Danny Chilean y Peter Rock, desde muy temprana edad vivió como un niño trashumante con el alma musical de su familia, antes de establecerse en EE.UU. en su adolescencia. Fue allí que conoció al amor de su vida, Natasha Shneider, con quien se casó y fundó la banda de rock Eleven, cuyo trabajo llegó a inspirar a grupos tan importantes como Soundgarden en los 90.

Su esposa falleció hace casi diez años de cáncer. Desde entonces la vida de Johannes no ha sido la misma. Si te fijas bien en el párrafo anterior, te darás cuenta de que son letras mortuorias. Tanto su padre y su tío, como Chris Cornell, vocalista y líder de Soundgarden, han fallecido.

Unfinished Plan. El camino de Alain Johannes (2017), documental que rescata la biografía de este músico recóndito, hace hincapié en cómo su producción musical, poderosamente íntima y no pretenciosa, es un reflejo directo de su vida. Ambas cosas están imbricadas de tal forma que uno no logra reconocer qué vino antes, y conforman una especie de estela fúnebre, que es su arte.

Unfinished Plan, que toma su nombre de una canción de Johannes, es una especie de road movie internacional, y no es un filme concluyente sobre su protagonista. Observa la vida del músico desde su perspectiva: el horizonte es infinito, y es justo en esa línea lejana donde Johannes sigue viajando sin un plan.

Ver el documental es una experiencia perturbadora, ya que contiene entrevistas a los músicos ya mencionados; por lo tanto, el filme nos devuelve una y otra vez a la incredulidad de sus trágicas muertes, y tal desasosiego nos acerca más a Johannes: su imaginación emerge tan clara en los fotogramas, uno casi puede tocarla con sus propias manos.

Esto último se ve reforzado por el candor del músico. Él no es una víctima, pero no esconde sus heridas, las cuales están por doquier en su proceso creativo. Hay un dolor inconmensurable que nutre la obra de Johannes, un verdadero artista musical, y esa es la única conclusión posible.

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