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Expertos entregan claves para reforestar áreas siniestradas

Por: Ximena Valenzuela | 30 de Junio 2017
Fotografía: CORMA

El pino y el eucaliptus favorecerían una rápida recuperación de terrenos. Piden sacar vegetación de zonas de interfaz y hacer un ordenamiento del territorio.

Cerca de 300 mil hectáreas de plantaciones y bosque nativo resultaron quemadas por los incendios a inicios de este año en la zona centro sur del país. Ahora la incógnita es qué hacer con esos terrenos.

Lo prioritario es evitar la erosión del lugar, aseguró el ingeniero forestal de la Universidad Austral de Chile y Doctor en Ciencias Forestales de la Georg August Universität zu Göttingen (Alemania), Juan Schlatter. En primer lugar planteó que se deben hacer surcos superficiales para disminuir el escurrimiento de agua, desviar el excedente hacia cauces naturales, cubrir el sitio con desechos propios del incendio o dejar la vegetación quemada para que sostenga el suelo.

La segunda tarea es sembrar desde el aire (helicóptero) con semillas herbáceas de rápida germinación con humedad ambiental, especialmente, donde no existe posibilidad de que sean colonizados. Luego se debe planificar su reforestación.

Nivel de urgencia

El investigador de la Universidad de Concepción y especialista en Ecología del Fuego, Eduardo Peña, el nivel de urgencia para actuar se debe evaluar caso a caso. “Al recorrer la zona afectada se aprecia que la mayor parte de las plantaciones no tuvo incendio de copa y eso implica que ese suelo no va a quedar descubierto porque esas hojas protegen contra el golpe de las lluvias”.

Eso sí, si un terreno quedó descubierto de cobertura vegetal se deber cubrir con algún tipo de desecho como fardo de pasto u hojarasca de pino. “En muchas partes se convierte la madera de los mismos árboles quemados en chip y con eso se protege el suelo. Es más efectivo que plantar en una primera etapa”.

Lamentó que en la mayor parte de los terrenos quemados “no se alcanzó a hacer nada antes de que partiera el invierno, así es que hay que aguantar no más lo que va a pasar”.

El ingeniero forestal de la Universidad de Chile, Simón Berti, dijo que la reforestación dependerá del propietario. “Un filántropo -o el Estado- podrían restaurar el ecosistema natural que existía hace más de 600 años. Un particular o una empresa forestal, querrá usar sus terrenos de manera sustentable y lograr un beneficio económico para él y su descendencia. En este caso, seguramente se decidirá por alguna de las especies de rápido crecimiento como el pino y el eucaliptus”.

Una postura similar tiene el secretario ejecutivo del Colegio de Ingenieros Forestales, Julio Torres, quien planteó que no hay una sola respuesta a dicha interrogante, pues si se quemó vegetación nativa, en terrenos privados o públicos, se debe mantener el enfoque en la recuperación. Para ello se requiere que los pequeños propietarios tengan apoyo, ya que no contarán con recursos para restaurar y tampoco tienen la obligación legal de hacerlo, por lo que existe la probabilidad de que, en ausencia de recursos financieros, dejen los terrenos abandonados, sometidos a la erosión y degradación”.

Qué hacer en la interfaz

En tanto, en la zona donde se une la vegetación con los poblados, llamada de interfaz, Torres dijo que se requieren más estudios y plantear un ordenamiento, sacar la vegetación de esas áreas para evitar incendios como el de Valparaíso.

Schlatter acotó que es necesario diferenciar el sector urbano del rural para la forma de manejo de la vegetación arbóreo-arbustiva. El tránsito de personas desde el sector urbano al sector rural requiere de disposiciones especiales de orientación y de acceso limitado para evitar que se produzcan posibilidades de focos de incendio o accidentes. La sociedad debe normar en estos casos en forma más estricta el tránsito no autorizado y orientar esta necesidad cultural (deporte, recreación, convivencia en ambiente rural) a sectores autorizados y protegidos.

En cuanto a qué especies establecer en un lugar, Schlatter aseguró que se debe tomar en cuenta la calidad de cada terreno para decidir qué plantar. “En terrenos muy expuestos al sol, laderas con exposición norte y oeste, conviene establecer una cubierta de especies arbóreas pioneras y resistentes a stress hídrico”, aseguró.

El maitén, el bollén y el espino servirán como cobertura para una posterior ampliación a otras especies más exigentes; mientras que el pino radiata puede formar un bosque productivo y de respuesta rápida al mercado.

Para terrenos menos expuestos, como laderas cóncavas, o exposiciones sur y este, el investigador estima que se pueden establecer especies más exigentes como quillay, litre, boldo, peumo, lingue del norte y otras como el pino radiata y eucaliptos, ya que son “bastante resistentes a largos períodos secos, especialmente en regiones entre Metropolitana y Maule”.

En cuanto a los costos de reforestar los especialistas aseguran que es variable, pues depende del nivel de pérdidas y de las especies de bosque nativo y plantaciones que se elijan. Entre retirar el material, preparar el terreno y volver a plantar, tanto pino radiata como bosque nativo, Berti aseguró que es más barato si se quemó todo, pues no se debe derribar nada y que en promedio la reforestación de una hectárea tiene un costo de $700 mil.

Plantar especies nativas y garantizar su sobrevivencia por cinco años, que se exige a las empresas de energía renovable como compensación, cuesta entre 10 y 17 millones de pesos por hectárea.

Así las cosas, habrá que esperar que pase el invierno para ver los daños que se podrían generarse en las zonas afectadas producto de la erosión y luego, que empresas forestales y pequeños propietarios, apoyados de fondos gubernamentales, recuperen las más de 300 mil hectáreas perdidas en la Región.

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