Si tuviéramos la cuantificación de las pérdidas y daños materiales, lo lleváramos a una calculadora, más 8 a 10 presupuestos anuales de la región del Biobío, pues, cada que vez que tenemos estos eventos extremos, retrocedimos 10 años de progreso en infraestructura.
En 2006 fue el último evento de lluvias intensas e inundaciones, antes del último fin de semana. 17 años bastaron para bajar la alerta y habitar zonas que los ríos han ocupado históricamente, hace cientos y miles de años, cuando sus caudales crecen. Y sus desbordes hoy tienen graves estragos sociales.
Preocupación extrema, miedo a vivir situaciones catastróficas, crisis de angustia y de pánico son algunos de los síntomas de este trastorno que no solo experimentan las personas que están viviendo una situación específica, sino también quienes son espectadores de lo que pasa a través de los medios.
Ante este escenario, el sector público, el privado y las organizaciones civiles deben generar alianzas con los gobiernos.
Un equipo de la UBB ha desarrollado este innovador sistema informático que debe operar Serviu Biobío y cuya necesidad se sustenta en que los eventos extremos van a aumentar en intensidad y frecuencia producto del cambio climático, y la sociedad debe estar preparada para afrontarlos.