Aun no comienzan a trabajar las y los constituyentes en la elaboración de la nueva Constitución, sin embargo, quienes se sienten amenazados por la posibilidad de perder sus privilegios y quienes buscan revancha ya han comenzado a utilizar un lenguaje y una maquinaria comunicacional tendiente a ofender, denigrar, deshonrar, menoscabar o discriminar a quienes la ciudadanía eligió para redactar la nueva Constitución.
Pueden viajar a Santiago, hacer comisiones, contar un cuento de lucha desatada contra la capital y pedir lo que quieran. El sistema establecido reparte independiente de lo que cada uno pida.
Llegó el momento que como sociedad, más allá de algún acuerdo político determinado, fijemos otro “Acuerdo de Mínimos Comunes”, uno que no es pasajero y no tiene que ver con la pandemia, uno que no distribuye beneficios sociales y no distingue edad ni posición social: La violencia, bajo ninguna circunstancia, puede ser aceptable como camino para la acción política ni para la obtención de beneficios del Estado.
Solo en 2020, Chile registró un aumento del 14,7% en denuncias por homofobia y transfobia, cifra preocupante que demuestra un alza en la discriminación, por parte de opositores a la libertad.