Es momento de no restarse de la fiesta democrática y sumar esfuerzos, fe y voluntad para empujar la descentralización como política fundamental para un progreso inclusivo que nos dignifique e iguale independientemente de nuestro lugar de nacimiento o el lugar que hayamos escogido para desarrollar nuestro proyecto de vida.
Lo más normal es pensar en dejar este planeta para irnos a arruinar otro. Ya tenemos algunos descubiertos. Planetas que según sus características se asemejan a la tierra. Tristemente con la tecnología que tenemos hoy, es imposible llegar a ellos.
Claro que sale más barato un minuto de fama en TV que comprar decenas de palomas en campaña.
No basta entonces con un cambio de constitución, por cuanto ésta no es más que una capa que cubre los hombros de un poderoso orden social y económico preexistente del que también hay que hacerse cargo si queremos pasar a la consagración de un Estado social y democrático de derechos.