El verdadero cambio ocurre cuando los ponemos a conversar para colaborar en torno a desafíos comunes: instituciones de educación superior con empresas, el sector público con la ciudadanía, emprendedores con científicos.
Lo relevante es que el rol del directorio no pasa por aprender a programar ni por entrar en los detalles técnicos de un modelo, sino por definir el marco en que la IA se convierte en una palanca real de creación de valor.
En Chile tenemos el plus de una amplia participación de expertos en su construcción, miembros del sector real y financiero.