Ha pasado muchísima agua debajo de otros tantos puentes desde la publicación "Del tener al ser" de Erich Fromm, un pensador humanista, heredero del mejor Freud y del mejor Marx, que criticaba la sociedad de consumo, la idólatra del tener.
Se espera que la clase política no actúe como grupos donde los principios fluctúan según las conveniencias, según la dirección de los vientos, sean éstos o no en la dirección de sus convicciones, donde priman claramente las primeras sobre éstas últimas.
En términos generales, los jóvenes esperan una educación que les permita aprender a descifrar los cambios que vienen, para poder adaptarse a ellos, así como también adquirir herramientas para conocer la realidad, intervenirla y transformarla.
Debe ser verdad que el futuro está feliz de la vida viviendo con nosotros, las cosas han cambiado, tanto así que, ilusos, pudimos creer que para estar al día bastaba con tener una lectura correcta del presente y una razonable apreciación del pasado, cuando en realidad en los tiempos que corren, conviven, confusamente, las tres dimensiones al mismo tiempo.
Se interrogó a niños daneses de siete años, alumnos de una escuela en la que el iPad ha desplazado a los libros, y muchos dijeron que una de sus actividades de ocio preferidas era ir a las librerías para ver y tocar libros de papel: les encantaba sentirlos en las manos.