Si bien la llegada de importantes investigadores se gestó en las décadas del 20 y 30, fue en los años cuarenta, gracias al aporte de Lotería de Concepción, cuando se dotó de más profesionales que fortalecieron el sueño de Virginio Gómez y Enrique Molina en transformar a la UdeC en una Ciudad Universitaria.
Al actual académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas le tocó sacar a la casa de estudios de un largo período de “congelamiento”. Debió reencantar a la gente con su plantel; enfrentar una fuerte desinversión, y a la vez, nivelar la infraestructura para un estudiantado que había crecido exponencialmente.
Expertos aseguran que es vital protegerlo y conservarlo como testimonio para futuras generaciones. A mediano plazo podría postularse a Patrimonio Mundial de la Unesco, ya que reúne las características de tal reconocimiento.
En su siglo de existencia la universidad ha realizado un trabajo particular para relacionarse con el territorio en el que está inserta y no todo se reduce al campus. La academia ha salido a la calle, como también existe un trabajo de divulgación cultural, científico y deportivo que ya es marca registrada.