Debemos celebrar que se haya reconocido que tener un medio ambiente limpio, saludable y sostenible es realmente un derecho humano. Y que se trató de una decisión unánime (pues hubo 43 votos a favor y 4 abstenciones) y que se discutió y negoció gracias a una iniciativa de Costa Rica, Maldivas, Marruecos, Eslovenia y Suiza.
Dadas las características del agua, es un simplismo tratarla jurídicamente como cualquier otro bien o cosa, se tienen las aguas de lluvia, las nubes, el rocío, el vapor, los glaciares, los esteros, que son de nadie y a la vez comunes a todos por derecho natural.
No basta con reconocer que en lo formal todas las personas somos iguales y al mismo tiempo resguardar el acceso a instituciones, como el matrimonio, solo para quienes cumplimos el ideal cisheteronormativo, contribuyendo a mantener la diversidad en posición de un "otro".
La norma de propuesta constitucional se presenta como un primer paso para terminar con la privatización, mercado de las aguas y el daño a los ecosistemas.
Los Derechos Humanos que se consagren en la nueva Constitución debieran permitir la construcción de un nuevo modelo socialdemócrata de Estado, con políticas públicas llamadas a implementar pisos mínimos universales, que sean capaces de crear igualdad de oportunidades para todas las personas, avanzando a un ideal de sociedades justas.