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Opinión

¡Y será Ley!

No basta con reconocer que en lo formal todas las personas somos iguales y al mismo tiempo resguardar el acceso a instituciones, como el matrimonio, solo para quienes cumplimos el ideal cisheteronormativo, contribuyendo a mantener la diversidad en posición de un "otro".

Por: Diario Concepción 10 de Diciembre 2021
Fotografía: Cedida

María Victoria Ulloa Becerra
Colectiva – Justicia en Derechos Humanos
Corporación y Oficina Jurídica

En medio de semanas turbulentas previo a las elecciones, podemos tomar una pausa para celebrar una victoria democrática: el matrimonio igualitario será ley. Después de años de tramitación, y en medio de una importante disputa conceptual de términos como libertad e igualdad, el pasado martes 7 de diciembre se despachó de la comisión mixta el proyecto de ley que aprueba el matrimonio igualitario.

Para toda la sociedad, y en especial la comunidad LGBTIQA+, esta victoria implica que se reconozca la libertad de decidir a quién amar y con quien construir familia. El cambio legislativo es un avance en igualdad y no discriminación en diversos sentidos, se eliminan diferencias en cuanto al régimen patrimonial, se prohíbe la discriminación para efectos del régimen de cuidado personal, entre otros, y se protegen los derechos de filiación de las todas personas que se sometan a técnicas de reproducción asistida. Así, la importancia de no excluir a las familias homoparentales de la institución del matrimonio, que previamente solo podían optar al Acuerdo de Unión Civil (AUC), recae en reconocer que no existen matrimonios de primera y segunda clase, y conlleva el deber del Estado de proteger todo tipo de familias, y muy especialmente, a los niños, niñas y adolescentes que podrán ser criados en igualdad por familias diversas donde serán amados.

De esta manera, celebramos que hoy ha prevalecido la igual protección de derechos, por sobre el discurso de grupos conservadores que reclaman para sí un derecho a decidir como debe vivir el resto, imponiendo, bajo su propio credo, que tipo de personas y familias deben aceptarse o no en la sociedad. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Qué clase de libertad defienden? Las reacciones ante la tramitación del proyecto de ley, y en especial el apoyo del actual gobierno, dejó entrever una derecha dividida, que no comparte en la misma medida la bandera de la libertad. Mientras coinciden en materia de libertad económica, para algunos, que hoy pretenden gobernar, la libertad no alcanza la vida personal y mantienen que el matrimonio es solo “entre un hombre y una mujer” o se alarman señalando que “hoy es esto, mañana será la adopción homoparental”.

No basta con reconocer que en lo formal todas las personas somos iguales y al mismo tiempo resguardar el acceso a instituciones, como el matrimonio, solo para quienes cumplimos el ideal cisheteronormativo, contribuyendo a mantener la diversidad en posición de un “otro”. La defensa de la libertad implica eliminar las diferencias en el acceso a los derechos humanos, porque no existen ciudadanos de primera y segunda categoría y en ello no podemos retroceder.

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