Política

Ana María Rabe: “En Chile queda mucho por hacer en el campo de la memoria”

Invitada por la Universidad Andrés Bello, la profesional de la Universidad de Antioquia, en Colombia, reflexionó sobre la memoria y el contexto político que vive Latinoamérica.

Por: Ángel Rogel | 02 de Noviembre 2018
Fotografía: Gentileza Unab

La Dra. Ana María Rabe, de la Universidad de Antioquia, Colombia, ha dedicado parte importante de sus esfuerzos a estudiar la memoria, no solo desde la experiencia, sino también desde la representación.

Invitada hace unos días por la Universidad Andrés Bello (Unab), la filósofa presentó la manera en la que trabaja la memoria entendida como una facultad productiva, crítica y dinámica. Explica que Aristóteles distinguía dos tipos de memoria: una que se da sola, sin que intermedie ningún esfuerzo y que es aquella que tienen también los animales, y otra en la que debe mediar un esfuerzo, un intento por recordar.

“Yo intento desarrollar un concepto de memoria en que tienen tanto que ver los procesos del inconsciente, como, por otro lado, los que uno puede promover, es decir, que tienen que ver con un esfuerzo o una búsqueda. El proceso de la memoria se encuentra precisamente entre esos dos extremos”, comentó.

– Usted ha trabajado el tema de la memoria en Colombia, Argentina, Chile, España y Alemania. En el caso chileno, ¿en qué ha centrado la mirada?

– No solo en el caso chileno, sino en todos los casos me centro en formas conmemorativas que pueden ser museos, desde lo institucional, pasando por lo artístico, monumental o anti monumental, hasta llegar a iniciativas populares. Por ejemplo, en Colombia tenemos las tejedoras de la memoria, que aquí en Chile serían las arpilleras.

En esta visita acabo de estar unos días en Santiago. Fui a ver el Estadio Nacional, he visto cómo han logrado convertir los espacios en lugares de memoria, estuve en Londres 38, en la Villa Grimaldi. Me interesa ver lugares en que (la memoria) se hace no solo a través de la información y la representación, sino a través del intento de fomentar una determinada experiencia. Villa Grimaldi, por ejemplo, tiene memoriales del lado de la representación, documentos, dibujos, etc. Pero, por otro lado, el visitante experimenta el lugar mismo, en todas sus dimensiones, de lo más hermoso hasta lo más terrible.

– Cuando un país ha enfrentado tantos años de dictadura en que se produjeron tantos hechos y en tan diversos lugares, ¿qué debe ser memorial y qué no? ¿Se debe conservar todo?

– Para empezar, en Chile hay muchos lugares en los que la pregunta no es cómo conservarlos, sino cómo rescatarlos, cómo hacerlos visibles. Me contaron que en la Región del Bío Bío hay muy pocos lugares reconocidos como un lugar donde hubo represión. No es solo una cuestión de conservación, sino de reconocimiento y de recuperación de una memoria….

La paradoja de la memoria es que el que solo quiere conservar va a terminar olvidando, porque la memoria no es solamente recuerdo, sino hacer chocar el recuerdo con el olvido constantemente. No se debe caer en la trampa de pensar que se debe dejar la historia “atrás”, de creer que el pasado es pasado y que hay que mirar hacia “adelante”. Esto es falso, es un engaño, porque el pasado está siempre presente y puede emerger en cualquier momento. Pero tampoco se debe caer en el otro extremo e intentar recordarlo todo pensando que el deber de la memoria consiste en marcarlo todo. Esto es imposible; el exceso del recuerdo genera saturación y lleva finalmente al olvido.

– Si uno compara Argentina con Chile, la forma de preservación de memoria es absolutamente distinta. En Buenos Aires están marcadas las casas donde hubo algo, y está muy presente el tema de las madres y abuelas de mayo, en Chile parece ser un poco más difuso. ¿Comparte esta opinión?

– Sí, conozco más el caso argentino, pero por lo que veo parece ser que el tiempo de la transición en Chile coincide con la caída del Muro, los bloques enfrentados en la Guerra Fría. Eso ayudó mucho a que se tapara y se intentara demasiado pronto pasar página, con lo que queda mucho más trabajo por hacer en el campo de la memoria en Chile.

– No quiero comparar a Bolsonaro o a Trump con Hitler, no son comparables. Pero hay ciertos resabios de fanatismos con componentes racistas y que pueden ser el retorno a una senda que ya se recorrió en el pasado.

– Por eso es tan importante decir que la memoria no es cosa del pasado, por muchas razones, porque parto de una concepción de tiempo en que pasado, presente y futuro no están separados, sino que confluyen. Esta es la razón por la que muchas constelaciones, digámoslo así, se repiten, no tal cual, pero hay fenómenos que son similares. Y uno lo ve recorriendo lugares de la memoria, por ejemplo, Villa Grimaldi. Muchas de las cosas que ocurrieron durante la dictadura de Pinochet me recuerdan cosas que ocurrieron bajo el régimen nazi en Alemania. La historia no se repite tal cual, pero sí hay elementos que se repiten y creo que vivimos unos tiempos bastante delicados, porque hay un surgimiento grande, en Alemania también, de extremas derechas, racismo, incluso neonazis. Todo esto da mayor relevancia al trabajo de la memoria, no solo para hacer justicia a los muertos, que también es necesario, sino para pensar en nuestro presente y futuro.

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