Política

Marihuana, la batalla decisiva

A no equivocarse. Ni los pro ni los contra del cannabis pueden respirar tranquilos. Aprobado en la Cámara Baja el consumo terapéutico y a la espera del pronunciamiento del Senado, algunos ven próxima la despenalización. Mientras otros recrudecen su arremetida, respaldados por evidencias científicas sobre el daño a la salud y los resultados de países que intentan controlar el consumo a través de la apertura. El Gobierno optó por aplicar el modelo de Islandia e intenta revertir el uso medicinal.

Por: Luz María Astorga | 01 de Julio 2018
Fotografía: Contexto.

Dos veces ha ido a exponer al Congreso la sicóloga Anneliese Dörr. Tras una década de estudio sobre los efectos de la marihuana en adolescentes y con el seguimiento a las investigaciones médicas en distintos países, la directora de Siquiatría y Salud Mental Oriente de la U. de Chile, tenía mucho que decir sobre el uso medicinal, auto cultivo y despenalización del consumo, temas medulares en la discusión parlamentaria del proyecto de Ley de cultivo seguro, que tramitaba la Cámara de Diputados y que ahora es tarea del Senado.

Cada vez, sin embargo, tuvo la misma sensación: “Que nos invitaban por una formalidad: escuchar lo que decía el mundo científico, pero con un juicio previo, en el sentido de que consideran muy rígidas a las sociedades científicas y médicas en su visión de la marihuana. Tenían una mirada ideologizada. Entonces todo lo que se les decía entraba en sus cabezas por ese colador… Estaban ya muy seducidos por el discurso de grupos pro cannabis, que encontraron un nicho no cubierto por las políticas de salud: el de las madres de niños con enfermedades neurológicas como las epilepsias no refractarias, que no responden bien a los tratamientos tradicionales, y no tenían solución”.

El cannabis medicinal podría ayudar. De hecho, hace años en Chile puede importarse o comprar el Sativex, fármaco que contiene cannabis y al que se le reconoce efectividad, pero no accesibilidad porque un mes de tratamiento cuesta sobre $1.5 millones.

En ese contexto, el mensaje de los pro uso medicinal pasó por ancha puerta. Pero, afirma Dörr, traía doble intención: abrir espacio para trasnacionales que pretenden copar el mercado -hoy en manos de narcos- con una variedad de semillas ya manipuladas para potenciar la adicción y comercializarlas como inocuas. “Ese el discurso que se ha instalado. Cuando planteas el uso medicinal, transmites la idea de que no es una droga dañina. Entonces baja la percepción de riesgo y se dispara el consumo… Sucedió en el siglo pasado con los cigarrillos”, comenta, mostrando imágenes publicitarias donde el tabaco se relacionaba con actividades sanas e, incluso, con tratamientos para el asma, para bajar de peso y otros males. “Fumar era cool… Ahora, cada día vemos más propaganda, avisos e información sobre supuestos usos mágicos, terapéuticos y medicinales de la marihuana. Hablan también de cómo cierta sociedad anacrónica y conservadora no acepta esta `verdad´”.

Carolina Echagüe M.

La sicóloga está convencida que el uso medicinal solo busca “blanquear” la entrada de grandes proveedores. El siquiatra Mariano Montenegro, ex director de Senda hoy a cargo de nuevo plan antidrogas, cree que la promesa de beneficios del cannabis constituye solo “publicidad engañosa”.

En la mira

Existen empresas que Dörr no identifica, que acechan desde Canadá, Australia y algunos estados de EE.UU., según diversas versiones no oficiales. Para los detractores atentos a señales amenazantes, evidencia clara de manos moras fue el apoyo en 2013 del magnate húngaro-estadounidense George Soros -controvertido inversionista, especulador y filántropo- en el debate para legalizar la droga en Uruguay: su Open Society Foundations financió la campaña a favor. Y el país se convirtió en el primero en Latinoamérica en legalizar el comercio del cannabis.

Open Society financiaría también a otros grupos que impulsan la apertura, indica BBC Mundo.

Por su parte, Monsanto negó cualquier vinculación e interés en el negocio de semillas del cannabis y con Soros.

Acá, se menciona a la Fundación Daya, que preside Ana María Gazmuri, como el vínculo  de AusCann (Australasian Medicinal Cannabis), que en la red se promociona bajo este mensaje:

“El sentimiento global está cambiando con un número creciente de jurisdicciones que legislan a favor del uso del Cannabis para fines médicos.

Numerosas aplicaciones tales como el tratamiento del dolor crónico, el dolor neuropático, como antieméticos en el tratamiento de náuseas y vómitos inducidos por quimioterapia y para mejorar la espasticidad de la esclerosis múltiple informada por el paciente.

Cientos de estudios clínicos y evidencia de primera mano significativa están demostrando los beneficios médicos de esta antigua medicina tradicional”.

El tema da para especular, especialmente al fragor de una batalla que en Chile está a medio camino. El Senado debe terminar el trámite legislativo y como el gobierno pretende revertir la aprobación en la Cámara Baja, según declara Montenegro, muchos argumentos entrarán a escena.

Lo indesmentible

Hoy, sin embargo, cuando unos ponen en duda los efectos medicinales del cannabis, unas cuantas afirmaciones sobre su consumo son incuestionables, especialmente para niños y veinteañeros, que no tienen su cerebro completamente formado: la marihuana es adictiva; aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos sicóticos, además de depresión; produce deterioro cognitivo y malos resultados académicos; daña la memoria, especialmente la de corto plazo; afecta la comprensión oral, dificulta el control de las emociones, causa falta de motivación y de capacidad para planificar futuro. A eso se suma el impacto broncopulmonar, reproductivo, inmunológico y cardiovascular (aumenta la frecuencia cardíaca y en 2014, en Düsseldorf, Alemania, aseguran haberla identificado como responsable de muerte abrupta en jóvenes).

Döor agrega que “puede producir esquizofrenia, dependiendo de cuánto fumes, de la edad en que empezaste, de la vulnerabilidad genética y del nivel de concentración del THC. Puede incidir en el suicidio”.

Los estudios en niños y adolescentes evidencian que el consumo les roba inteligencia de manera irreversible. “Puedes perder hasta ocho puntos de Coeficiente intelectual; o sea, si eres brillante pasas a normal, y si eres normas pasas a limítrofe”, afirma Dörr, relevando que esto constituye una “pérdida de capital humano” muy lamentable, más todavía considerando lo que significa invertir grandes recursos en educación gratuita, añade el doctor Montenegro.

Lo dramático: el consumo avanza a trancadas.

Según el último estudio a nivel nacional encargado por Senda, en 2010, quienes se declaraban consumidores eran 75.981. En 2012, 147.029. Y en 2014, 254.993. Está próximo a entregarse datos de 2016, que hablan ya de 303 mil personas.

De los nuevos consumidores, el 62,2% tenía entre 12 y 25 años al momento del estudio.

A estos datos se suman los del Informe Mundial de Droga 2015 de la ONU: en Chile, el 15,7% de los niños de 13 años consumen. En 1995, 3%. Y en población hasta 17 años los marihuaneros llegan al 38,9% (una década antes, 21,4%).

El siquiatra Carlos Ibáñez, experto en adicciones, sostiene que el 60% de los pacientes GES menores de 20 años que se atienden por adicción es a causa de marihuana.

Hay más. Un reciente estudio entre universitarios de 19 a 25 años en la U. Católica indica que el 53% consume. Y otro, de la U. de Concepción, para el mismo tramo de edad, detectó un 58%.

Entre alumnos de octavo básico a cuarto año de enseñanza media, Senda 2015 reveló que el 34,2% consumió en el año (en 2009, 19%).

Detrás del alza, los expertos dicen que pesa fuerte “la baja percepción de riesgo”, producto de presentar la marihuana como algo inocuo e, incluso, con poder medicinal.

Otros, como el diputado humanista Tomás Hirsch, suman ingredientes:

“El consumo alto se produce en un cierto contexto: un país que tiene niveles de estrés y de endeudamiento familiar de los más altos del mundo, de violencia intrafamiliar y de bajo de nivel garantía a la educación… Los jóvenes tienen por delante un futuro muy incierto. Entendamos en qué condiciones viven y por qué ingresan al mundo de las drogas”.

Entre daños y beneficios

Lo concreto es que la realidad numérica asusta. Y están, por un lado, expertos y sociedades médicas que trabajan sin pausa para instalar su mensaje. Por el otro, fundaciones y clubes pro cannabis, además de una enérgica ciudadanía que sale a las calles a demandar por uso medicinal y recreacional.

Para el primer grupo, solo cuentan las evidencias y estudios científicos.

Para el segundo, pesan los muchos testimonios en Chile y en diversos países sobre los beneficios del cannabis como paliativo del dolor, de las convulsiones, de los efectos por quimioterapia y otros males.

El doctor Castro destaca la evidencia empírica en los casos de epilepsia refractaria y fibromialgia en mujeres que probaron muchos analgésicos sin resultado. “Creo que es cosa de tiempo que se acumulen y ordenen evidencias que lleguen aún a los grupos científicos que estudian el tema”.

Hirsch defiende el uso medicinal (“Hay varios medicamentos que se producen con opiáceos y no significa que se esté promoviendo el uso de opio como droga recreacional”), e insiste en que el cannabis ha demostrado ser buen paliativo para el dolor.

Dörr, en cambio, sostiene que los anestesiólogos consideran para esos casos mucha más eficiencia a los derivados de la morfina. Admite, eso sí, beneficios del Sativex en epilepsia refractaria, pero enfatiza que ese y otros medicamentos autorizados fuera de Chile se hacen en laboratorio “bajo estrictas medidas, no en la cocina, en un sartén”, cómo cree se fabrican los aceites que hoy se comercializan.

Esta es una historia en incipiente desarrollo.

El secreto de la adicción

Los seres humanos tenemos nuestra propia “droga”, los “endocannabinoides”, que se liberan en situación de estrés, peligro y placer. Explica Dörr:

“Si se le agrega THC, los receptores del cerebro detectan que tienen mucho y para compensar, disminuyen. Al tener menos receptores, se necesita consumidor más seguido. Empieza así el circuito de la adicción”.

 

¿Cómo frenaría Ud. el consumo?

Diputado Juan Luis Castro: “Con una campaña comunicacional, de penetración en los distintos estratos, en cuanto a la advertencia de peligros y efectos colaterales, que terminen con la idea de que es parte de la vida fumarse un pito al final del día. Eso en todos los estratos. Y si conociendo el daño alguien decide seguir, bueno, sabrá a lo que va”.

 

Diputado Tomás Hirsch: “Creo que hay que despenalizar el consumo. Y deben existir campañas educativas intensas, que expliquen con toda claridad cuál es el efecto de uso de estupefacientes y otros tipos de drogas, partiendo por el alcohol que es el de mayor consumo, luego el tabaco y la marihuana. Y, guste o no guste, enfrentar el tema de fondo: lo que mueve a consumir. Tengamos una sociedad más justa, más humana”.

 

Lo que viene

La Cámara de Diputados aprobó el uso medicinal del cannabis.  Falta la discusión en el Senado. Y, anticipó el doctor Montenegro, el gobierno pretende revertir lo avanzado.

El doctor Juan Luis Castro (PS), presidente de la Comisión de Salud, explica que como se trata de una moción parlamentaria, su discusión no depende de las urgencias que ponga o no el Ejecutivo, sino de la Cámara Alta, que está dispuesta a tramitarlo.

Mientras, “es evidente que en la praxis están avanzando los productos terapéuticos: aceite, gotas, pomadas. Esto toma un vuelo bastante más rápido del que creíamos. El proyecto prohíbe eso sí la forma inhalatoria. Nadie puede fumarse un cogollito diciendo que es terapéutico. Solo está permitido el consumo privado; y el auto cultivo solo con autorización del SAG”.

Castro es un convencido de que a la marihuana hay que darle tratamiento de fármaco “que hace bien para un propósito determinado y mal con aumento de dosis o por acumulación, por sus efectos colaterales. La marihuana pasó de ser un producto totalmente dañino y tóxico -como la cocaína y la pasta base- a un producto también medicamentoso, pero que en adicción y sobreconsumo produce alteraciones conductuales y neurológicas objetivas. En esto ha fallado el sistema educacional, familiar y los gobiernos, porque en los últimos años se ha tendido a minimizar los daños. Ha sido como una luz verde para quienes tenían temor, se ha naturalizado. Lo usan personas del ABC1, distinguidos siquiatras, personas de alto nivel; antes era más de grupos marginales”.

– ¿Cree que el proyecto llegará a ser ley?

– En la Cámara la aprobación superó el 80%. Frenar esto sería muy impopular. La gente comparte que se necesita mayor control, pero no en lo sanitario.

Se suma el diputado Hirsch:

– Lo que se aprobó pone a Chile en una condición de estado moderno, que entiende la necesidad de contar con cannabis a nivel medicinal. Es fundamental que se convierta en ley a la que puedan acudir quienes la requieren. Si no, continuará la situación irregular de hoy, que termina dependiendo de los contactos, de los recursos para importar; o sea, de la situación socioeconómica. Si el gobierno manipula lo aprobado, iremos a Comisión Mixta. No me preocupan las modificaciones, sino que lo dejen durmiendo. Evitarlo dependerá de la acción y organización ciudadana.

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