Opinión

Retorno a la Bastilla

Las consignas del movimiento estudiantil francés pueden analogarse al estallido social chileno del 2019 -que coincidentemente, ocurrieron en su aniversario-. Asimismo no es de extrañarse que la oposición aproveche las instancias de crisis para desacreditar al ejecutivo y ganar votos.

Por: Diario Concepción 24 de Octubre 2026
Fotografía: Cedida

Daniela Cáceres Pradenas
Ayudante CEE – Egresada Derecho, Universidad de Concepción

“No es el momento de hacerlo; queremos que la calma vuelva a todas partes”. Esas fueron las palabras de Emmanuel Macron tras los disturbios ocurridos en Francia en los últimos días. Más de 800.000 movilizados, 2.400 detenidos, saqueos, e incluso graves daños en el ayuntamiento de Limoges, el cual había sobrevivido dos guerras mundiales, pero no así el ferviente descontento estudiantil.

Es irónico, pues como latinos, tenemos la costumbre de romantizar estándares europeos, y es que se cree que el viejo continente ha alcanzado la tan anhelada “justicia social”. Sin embargo, las consignas del movimiento estudiantil francés pueden analogarse al estallido social chileno del 2019 -que coincidentemente, ocurrieron en su aniversario-. Asimismo no es de extrañarse que la oposición aproveche las instancias de crisis para desacreditar al ejecutivo y ganar votos. Marine Le Pen lleva la delantera en las encuestas para las elecciones presidenciales del 2027, y tras condenar los disturbios responsabilizando tajantemente a la izquierda radical francesa, Le Pen ha logrado consolidar su imagen de orden y seguridad.

El elevado costo de vida, recortes al sector público, y la inflación interanual, son las principales causas del descontento, ergo para entender el presente es imposible no ver hacia atrás. L’ École de la République instaurada por sus padres fundadores es algo que los franceses no tranzarán, y es que este modelo educacional resulta ser el “verdadero crisol de la ciudadanía”, donde “el niño deja atrás su origen, su clase social o su credo para convertirse, en igualdad de condiciones, en un ciudadano francés”. No obstante, las precarias condiciones educacionales no se condicen con estas consignas, enervando lo más profundo de sus raíces revolucionarias.

Tal como en la revolución de 1789, Francia fue pieza preliminar para desencadenar un efecto dominó en sus naciones vecinas, provocando manifestaciones en Albania, Italia, Bélgica, España y Portugal, dejando a la palestra el descontento social, y la brecha política imperante, llevando a los ciudadanos a optar por gobiernos populistas para dar respuestas simples a problemas complejos. El tema, es que no puede hacerse vista a ciega a problemas estructurales, y mientras se intenten dar soluciones parches a grietas, la violencia seguirá viéndose como única medida para hacerse escuchar.

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