Opinión

Las universidades ante la ubicuidad de la IA generativa

Por: Diario Concepción 09 de Agosto 2026
Fotografía: Cedida

Marcela Varas-Contreras
Directora Transformación Digital, Universidad de Concepción.

La adopción de la inteligencia artificial generativa (IAgen) por parte de la comunidad universitaria no esperó que termináramos de redactar reglamentos y, ciertamente, aumentará mientras discutimos si prohibirla o celebrarla. Frente a esta realidad, nuestra tarea no es competir con una máquina que produce respuestas en segundos, sino volver al centro del significado de educar.

Propongo aprovechar la interpelación que nos hace la irrupción tecnológica y mirar este desafío como un tránsito por tres estados posibles. El primero es la adaptación responsable y responde a una pregunta urgente: ¿cómo enseñar y evaluar ahora que existe la IAgen? Aquí debemos proteger la integridad académica, transparentar su uso, resguardar datos y rediseñar evaluaciones para comprobar aprendizajes. También podemos usarla para mejorar la docencia.

Pero permanecer en este estado sería no asumir la responsabilidad que nos toca como instituciones dedicadas al desarrollo de la humanidad.

El segundo estado es el rediseño pedagógico. Su pregunta es más incómoda: ¿qué y cómo deben aprender las y los estudiantes en un entorno con IAgen? Ya no basta con cambiar un informe escrito por una presentación oral. Debemos analizar qué aprendizajes deben prevalecer, qué habilidades se necesitan ejecutar sin ayuda, qué tareas se pueden ampliar con IA y cuáles conviene automatizar. El riesgo no es solo que una respuesta sea falsa; es que sea correcta sin que nadie haya aprendido.

El tercer estado es una transformación formativa centrada en las personas y el bien común. Responde a una pregunta clave: ¿qué personas, ciudadanos y profesionales se requerirán en el futuro en un mundo dinámico y con IA generativa siempre disponible? Aquí se revisan perfiles de egreso, programas y trayectorias de aprendizaje. La universidad deja de reaccionar ante la tecnología y comienza a orientar el futuro que esta ayudará a construir a través de las y los graduados y profesionales que están llamados a gobernarla.

Transversalmente a estos estados cobran nueva fuerza el conocimiento y el pensamiento disciplinar, además de habilidades como la formulación de problemas, el pensamiento crítico, el pensamiento computacional, la alfabetización en datos e IA, la creatividad, la comunicación y colaboración, la metacognición y la autonomía. Son estas las capacidades que permiten gobernar la IA en vez de obedecerla. Y existe una condición ineludible: el cuerpo docente debe ejercerlas y hacerlas visibles antes de poder enseñarlas y evaluarlas.

La Unesco y la OCDE han insistido, en términos generales, en la agencia humana, la responsabilidad y el aprendizaje con propósito. Coincido, pero agregaría algo: la capacidad de una universidad para sobrevivir a esta nueva revolución no se medirá por cuánta IA use, sino por su capacidad de decidir cuándo usarla, cuándo limitarla y qué experiencias humanas no está dispuesta a delegar. Volver a lo humano no significa retroceder. Significa avanzar con dirección.

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