Opinión

Día Mundial del Alzheimer: favorecer la comunicación también es cuidar

Es fundamental evitar corregir constantemente, apresurar las respuestas o hablar por alguien cuando aún puede expresarse.

Por: Diario Concepción 23 de Septiembre 2026
Fotografía: Cedida

En septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, fecha que invita no solo a generar conciencia sobre esta enfermedad, sino también a reflexionar acerca de la manera en cómo acompañamos a quienes viven con ella y sus familias.

Esta patología es una condición neurodegenerativa progresiva y constituye la causa más frecuente de demencia. Aunque suele asociarse principalmente con la pérdida de memoria, sus manifestaciones abarcan diferentes funciones cognitivas y pueden repercutir significativamente en la autonomía, participación social y calidad de vida de las personas.

Dentro de estos cambios, la comunicación ocupa un lugar especialmente relevante. Durante el curso de la enfermedad pueden aparecer dificultades para encontrar palabras, organizar y expresar ideas, comprender mensajes de mayor complejidad o seguir una conversación. Sin embargo, presentar dificultades comunicativas no significa perder la necesidad ni el derecho a comunicarse, ser escuchado, participar y tomar decisiones sobre la propia vida.

Desde la Fonoaudiología, el rol del profesional va más allá de abordar las dificultades del lenguaje. También se busca identificar y potenciar las capacidades comunicativas que permanecen conservadas, generar estrategias que faciliten la interacción cotidiana y orientar a familiares y cuidadores para favorecer entornos comunicativos accesibles, respetuosos y centrados en la persona.

En este sentido, pequeñas modificaciones pueden generar grandes diferencias: hablar de manera clara y pausada, utilizar mensajes breves, reducir los distractores ambientales, mantener el contacto visual, entregar tiempo suficiente para responder y complementar las palabras con gestos u otros apoyos cuando sea necesario. Es fundamental evitar corregir constantemente, apresurar las respuestas o hablar por alguien cuando aún puede expresarse.

La comunicación no se limita a las palabras. Una mirada, gesto, expresión facial, fotografía, una canción significativa o el contacto con recuerdos relevantes pueden transformarse en vías para mantener la conexión con otros. Por ello, el desafío no consiste únicamente en preguntarnos cuánto lenguaje ha perdido una persona, sino también en reconocer qué formas de comunicación conserva y cómo podemos facilitar que continúe utilizándolas.

Esta conmemoración también constituye una oportunidad para derribar mitos. La demencia no corresponde a una consecuencia normal del envejecimiento, y las personas que viven con Alzheimer no deben ser definidas exclusivamente por su diagnóstico ni por sus dificultades. Continúan teniendo una historia, preferencias, emociones, vínculos y capacidades que deben ser reconocidas y respetadas.

Para los profesionales de la salud, el desafío es avanzar hacia intervenciones cada vez más centradas en el individuo, donde preservar la participación y la conexión con los demás sea tan importante como abordar los síntomas de la enfermedad.

Yislem Barrientos
Universidad de Las Américas

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