Dra. Erna Ulloa Castillo
Vicedecana Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales UCSC
En el mundo y particularmente en nuestro país, el reconocimiento de la mujer en la historia de la diplomacia es una deuda que sigue vigente a pesar de los avances que se han realizado en esta materia. En este sentido, el ex ministro de Relaciones Exteriores, Alberto van Klaveren, fue muy claro en ello cuando planteó “Durante mucho tiempo, en la diplomacia chilena se contó principalmente con una voz masculina. No porque las mujeres no estuvieran, sino porque su presencia fue subestimada, invisibilizada o tratada como excepción”.
Y efectivamente ese ha sido el tenor en nuestra historia reciente, puesto que las mujeres desde inicios del siglo XX fueron vistas mayormente bajo la figura de la “esposa del embajador”, en que se resaltaba más bien el encanto de ellas para cuestiones sociales o domésticas o bien la figura de las secretarias las que han cumplido un rol fundamental y que prácticamente no se sabe nada de ellas. En este sentido, son muy pocas las mujeres de las cuales tenemos conocimiento que cumplieron un rol relevante en el ámbito internacional, ¿cuántos de nosotros sabemos que, por ejemplo, Gabriela Mistral cumplió funciones consulares por más de dos décadas? Sin duda, el silencio se hace presente.
Este espacio de la mujer en la diplomacia se transforma entonces, en un terreno fértil donde sembrar, puesto que nunca es tarde para reconocer ese trabajo diplomático que han desarrollado destacadas chilenas ya sea bajo la figura de embajadoras y cónsules oficiales, pero también de tantas aquellas que realizaron importantes aportes bajo la figura de “embajadoras no oficiales”, de las cuales el paso del tiempo las ha borrado completamente.
Los esfuerzos por cambiar esta situación comienzan a ver luz, así, por ejemplo, a inicios de este año se publicó en nuestro país el libro “Historia de la mujer en la diplomacia y política exterior de la República de Chile”, que da buena cuenta de perfiles históricos de mujeres destacas en este ámbito, como Marta Vergara, Ana Figueroa y Gabriela Mistral, entre otras, pero también, y considero esto muy relevante, reconoce las trayectorias y los desafíos actuales de las diplomáticas chilenas en las diversas tareas, ámbitos y lugares en que se desenvuelven.
Por eso, el que cada 24 de junio se conmemore como el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia, se transforma en una invitación para sacar del olvido a aquellas que fueron invisibilizadas, silenciadas y excluidas de nuestra historia, pero también de las que hoy están haciendo una diplomacia moderna; puesto que recordar es volver a pasar por el corazón.