En materia de empleo el Gobierno ha reiterado sin variaciones su visión: “no hay mejor política pública que el pleno empleo”. Desde luego es deseable disminuir los niveles de desempleo, más aún con el alza en el costo de la vida. En la última década, la tasa de desocupación tuvo su punto más alto en Pandemia (13%) y a pesar de disminuir considerablemente en 2022, se ha mantenido sobre el 7% hasta la fecha.
Sin embargo, tal como se ha advertido en materia tributaria, la visión ideológica del Ejecutivo se limita en abaratar los costos de producción del empleador para, por esa vía, causar el efecto de promover el empleo. Pero ocurre que tras los cuestionamientos al proyecto de ley misceláneo “de reconstrucción nacional”, los propios anuncios del ministro de Hacienda han debido moderarse: el impacto del “subsidio para la protección del empleo formal” (crédito tributario por el pago de remuneraciones por cada trabajador), no tendría un efecto garantizado en la contratación laboral. La fórmula propuesta se aparta, y de hecho es incompatible (según el propio proyecto de ley), con los recientes beneficios establecidos en la Ley N°21.808 que crea el nuevo Sistema de Subsidio Unificado al Empleo (promulgada el 5 de marzo y que entra en vigencia el 01 de octubre). Esta última, a diferencia del actual subsidio en debate, establece principios que orientan la contratación laboral: diversidad y equidad, perspectiva de género, grupos prioritarios (jóvenes, mujeres, adultos sobre 55 años, personas con discapacidad) y un trabajo decente y de calidad. Además, requisitos de postulación para las empresas: no haber sido condenada por vulneración de derechos fundamentales ni prácticas antisindicales, estar al día en el pago de obligaciones laborales y previsionales, no ser reincidente en el incumplimiento de normativa laboral, entre otras.
Haría bien expandir la mirada sobre el empleo, teniendo como centro el resguardo de la persona humana. Considerando la religión que abiertamente profesa y reivindica el Presidente, podría consultarse la reciente Encíclica Magnífica Humanitas del Papa León XIV: “La iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocación, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creación de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad, y no como una variable dependiente únicamente del beneficio.”
Nicolás Dïaz Carrillo
Abogado Colectiva Justicia
en Derechos Humanos