El año 2026 comenzó marcado por una tragedia que difícilmente podremos olvidar: los incendios que afectaron a las comunas de Penco y Tomé, impactando a miles de personas con pérdidas humanas y materiales de enorme magnitud. Este tipo de eventos extremos —incendios que avanzan sobre la interfaz urbano-rural y arrasan viviendas e infraestructura— lamentablemente han dejado de ser excepcionales. Hoy forman parte de un nuevo escenario climático que debemos asumir.
Frente a esta realidad, la adaptación al cambio climático deja de ser una opción y se convierte en una tarea ineludible. Este es, precisamente, el corazón del llamado que nos plantea el Día Mundial del Medio Ambiente 2026. Persistir en las mismas estrategias ya no es suficiente. Los costos de la reconstrucción —que alcanzan miles de millones de dólares— son crecientes, mientras los recursos disponibles son cada vez más limitados.
La experiencia acumulada en la implementación del Plan Regional de Cambio Climático muestra una ruta clara. Sin embargo, el desafío es avanzar con mayor decisión y urgencia en su puesta en práctica. Este esfuerzo requiere del compromiso coordinado de los servicios públicos, el sector privado y la sociedad civil.
Hemos visto cómo, tras los incendios de enero, las comunidades afectadas han impulsado con rapidez la recuperación de sus viviendas. Esa misma urgencia debiera guiar las acciones preventivas: mejorar las zonas de amortiguación, ordenar adecuadamente la interfaz urbano-rural y reducir así el riesgo de nuevas tragedias.
Pero la reconstrucción no puede limitarse a lo inmediato. Se requiere una mirada territorial más amplia, que incluya la recuperación de las cuencas hídricas afectadas, su restauración con enfoque ecológico y la participación activa de las comunidades. Asimismo, resulta prioritario mitigar los riesgos de remoción en masa en zonas que han quedado sin cobertura vegetal, y promover la actualización de los planes de riesgo y los instrumentos de planificación urbana a nivel comunal.
Si queremos que el lema de este año del Día Mundial del Medio Ambiente sea realmente efectivo, debemos fortalecer la colaboración entre las instituciones con experiencia en estos temas y poner ese conocimiento al servicio del bien común. La protección de las personas y del entorno debe ser el eje articulador de todas las decisiones.
El plan de reconstrucción que se presentará al Gobierno Regional en junio reconoce que estos eventos pueden repetirse. Justamente por ello, su éxito dependerá de la participación amplia de todos los actores involucrados.
Más colaboración, más diálogo y una escucha activa de los distintos sectores nos permitirán avanzar con mayor solidez en la adaptación que nuestra región necesita con urgencia.
Esa es, en definitiva, la lección que nos deja este Día Mundial del Medio Ambiente: actuar ahora, con decisión, coordinación y sentido de futuro.
Dr. Ricardo Barra Ríos
Facultad de Ciencias Ambientales y Centro EULA-Chile, UdeC