El Estado debe hacerse responsable del desarrollo de una industria forestal que ha generado impactos ambientales de gran magnitud, que se manifiestan con incendios forestales devastadores y trágicos, afectando a comunidades y ecosistemas.
Pedro Cisterna Osorio
Consejero Superior UBB
En Chile, hay sobre 2,3 millones de hectáreas de bosque forestal productivo, constituido principalmente por Pino Insigne, 55.8%, Eucaliptus Globulus, 37.2%, sobre el 50% de este suelo ocupado se concentra en las regiones de Ñuble, Biobío y Araucanía.
En la generación y desarrollo de incendios, existen diversas variables no controlables, tales como la velocidad del viento, la alta temperatura ambiental, la baja sostenida de lluvias.
Por otra parte, se tienen otros factores controlables: la Tasa de cultivos forestales, Distancia a los asentamientos humanos, Inventarios de agua, Sequedad del suelo, etc. La lógica industrial imperante del sector forestal no ha considerado en su ejercicio y desarrollo de manera racional y eficaz estos últimos factores.
El Estado debe hacerse responsable del desarrollo de una industria forestal que ha generado impactos ambientales de gran magnitud, que se manifiestan con incendios forestales devastadores y trágicos, afectando a comunidades y ecosistemas. Una medida concreta para enfrentar los incendios de viviendas, por ejemplo, es la aplicación de cortafuegos, consistente en franjas de al menos 150 metros.
Hay que regular los monocultivos forestales respecto al uso del territorio, replanteando la relación plantación-cosecha en los bosques cultivados que hoy es de 2:1, lo que tiene como consecuencia una huella hídrica insostenible por la naturaleza, lo que se agrava más aún, en un contexto de sequía y crisis climática.
El Estado, la industria, la academia se deben poner al servicio de esta causa: la inteligencia, el conocimiento y la voluntad política para la elaboración de normas, leyes, políticas públicas y programas de gestión del agua, que obliguen al Estado y a la industria forestal a actuar con responsabilidad social y sentido de país.
Esta tragedia que hoy vivimos y en particular para las familias más afectadas en las regiones de Ñuble y Biobío, con pérdida de vidas y viviendas, no puede ser un campo de batalla de descalificaciones, de egoísmos, de oportunismos políticos, de cuentas cortas.
El desafío de la ciudadanía, las instituciones públicas, la academia, el sector empresarial, es abrir y participar en un debate sincero, serio, riguroso, para impulsar una legislación y una industria forestal que se compromete en un proyecto de “No más incendios descontrolados de viviendas con pérdidas de vida humanas por causa de un incendio forestal”.