Opinión

Efecto Matilda

Por: Diario Concepción | 20 de Julio 2019
Fotografía: Cedida

El efecto Matilda, referido a Matilda Joslyn Gage, activista norteamericana, luchadora por el sufragio femenino, es un prejuicio en contra del reconocimiento de logros de mujeres científicas, que han sido atribuidos a sus colegas masculinos.

En la historia de la ciencia, existen numerosos ejemplos en diversas áreas del conocimiento. Uno de ellos es Trotula de Salerno, médico italiana del siglo XII, autora de relevantes tratados de Medicina y que después de su muerte, el resultado de su trabajo, también fue atribuido a autores masculinos.

En el siglo XIX, Nettie Maria Stevens, genetista norteamericana, pionera en describir las bases cromosómicas que determinan el sexo. Sin embargo, este hallazgo científico fue atribuido a Edmund Beecher Wilson y a Thomas Hunt Morgan, quienes fueron galardonados con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1933.

Mejor suerte tuvo Maria Salomea Skłodowska, más conocida como Marie Curie, esposa de Pierre Curie, pionera en el campo de la radioactividad, galardonada con el premio Nobel de Física en 1903, junto a Pierre Curie y Henri Becquerel. Al principio, se le había negado el reconocimiento por ser mujer, pero su esposo Pierre amenazó con rechazar el premio Nobel si Marie Curie no era reconocida. Años más tarde, en 1911, se le otorgó el premio Nobel de Química.

Otro caso emblemático es el de Mileva Marić, matemática serbia, primera esposa de Albert Einstein, cuyo aportes matemáticos, fueron indispensables para el desarrollo de la Teoría de la Relatividad. Aunque el intercambio de correspondencia que mantenían los esposos siempre hablaban de “nuestra” teoría y de “nuestros” trabajos, ella nunca tuvo un reconocimiento, salvo la cesión de una parte de los beneficios del Premio Nobel de Einstein.

En el siglo XX, Rosalind Elsie Franklin, química y cristalógrafa inglesa, cuyos hallazgos científicos contribuyeron a desentrañar la estructura de la doble hélice del ADN, los que no fueron reconocidos y que dado el impacto de este hallazgo, en 1962, el premio Nobel de Fisiología y Medicina fue otorgado a James Dewey Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins.

En pleno siglo XXI, algo ha cambiado, Paul Greengard, Premio Nobel de Fisiología y Medicina 2000, empleó todo el dinero de este galardón para crear un premio para mujeres científicas. El premio es otorgado anualmente por la Universidad Rockefeller y lleva el nombre de su madre, Pearl Meister Greengard.

Como conclusión, necesitamos más hombres como Pierre y Paul, capaces de reconocer el verdadero aporte que las mujeres hacen al desarrollo científico-tecnológico, entre muchos otros ámbitos, de manera que en forma conjunta generemos el cambio cultural que la sociedad y los países requieren para un mundo mejor.

 

Dra. M. Jacqueline Sepúlveda C.
Directora Academia de Innovación
Universidad de Concepción

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