Opinión

Altamirano, el PS y la RDA

Por: Diario Concepción | 21 de Mayo 2019
Fotografía: Cedida

Dr. Cristián Medina Valverde
Instituto de Historia USS

Este domingo 19 de mayo falleció Carlos Altamirano, figura consular del socialismo criollo, diputado, senador,  secretario general del PS y sindicado como el gran responsable del fracaso del experimento allendista abruptamente cancelado la madrugada del 11 de septiembre de 1973.

Se convirtió en uno de los hombres más buscados por el régimen militar, por lo que pasó a la clandestinidad, ocultándose de casa en casa. Gracias al apoyo del gobierno de Erich Honecker (RDA), a través de Ministerium für Staatssicherheit, más conocido por su abreviatura Stasi, se preparó su salida de Chile, la que tuvo tintes cinematográficos. La primera escala fue Argentina para luego dirigirse a Cuba donde fue recibido por Fidel Castro, días después se trasladó a la RDA donde vivió hasta 1979 para luego mudarse a Francia donde inició una profunda revisión ideológica partidaria.

Así como Altamirano, muchos connotados políticos chilenos vinculados a la izquierda chilena fueron recibidos en Alemania oriental tras el golpe de Estado de 1973, sintieron con el régimen de Partido- Estado imperante en la RDA una gran afinidad ideológica hasta que experimentaron de primera mano la vida cotidiana  de las sociedades comunistas.

La cúpula del PS instaló ahí su centro de operaciones y se crearon una serie de organizaciones para difundir  las actividades que realizaba la comunidad de exiliados chilenos en la RDA. Además, ese país entregó ayudas y préstamos para facilitar la instalación de los chilenische patrioten, así que la RDA estuvo a la vanguardia de la Solidarität mit Chile.

Esta “reciprocidad política” o “fidelidad emocional” (Nibelungentreue) fue una de las razones esgrimidas por un sector de la izquierda chilena cuando se produjo el denominado “caso Honecker”, en pleno período de recuperación democrática y de transición política durante el mandato de Patricio Aylwin. Para el PS la forma más adecuada para resolver el asunto era concederle asilo político en nuestro país al ex dictador de la RDA, ese era su ideal. Hasta ese momento ningún problema de política interna había llevado al PS y a la DC a discrepar tan evidente y públicamente.

La situación permitió evaluar el significado y el peso real que tuvo internamente la memoria sobre la forma en que Erich Honecker ayudó a los exiliados chilenos dentro de los cuales hubo importantes líderes del PS, algo de la cual también se ha preocupado la literatura a través de  obras como las de Carlos Cerda con Morir en Berlín, Escrito con L; o la de Juan Forch, Las dos orillas del Elba.

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