Opinión

Día de la Madre

Por: Diario Concepción | 12 de Mayo 2019
Fotografía: Cedida

Alicia Rey Arriagada
Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias
Sociales Universidad Católica de la Santísima Concepción

Aunque en diferentes fechas, el día de la madre es celebrado en casi todo el mundo. En Chile, particularmente este día se conmemora con la venia de un Decreto Supremo que lo fija de manera oficial el 10 de mayo de cada año. Para el comercio, esta fecha es prácticamente una segunda navidad en términos de ventas, pues las grandes tiendas despliegan enormes campañas en torno a la figura materna. Por su parte, colegios y jardines infantiles, hacen lo suyo en manos de pequeños que realizan la obligada labor manual destinada a sus mamás. Incluso en los últimos tiempos los lugares de trabajo también saludan a las mujeres madres con tradicionales discursos que apuntan a la entrega desinteresada y a la abnegación en las tareas de crianza.

Sin embargo, y precisamente en este día, me pregunto por aquellas mujeres que por opción deciden no parir. Las que por motivos ecológicos no desean seguir sobrepoblando el planeta. Las que consideran que no serán buenas madres. Las que de plano detestan a los niños y no se proyectan en labores de crianza. Las que deciden ser el único centro de sus vidas sin miedo a que las tilden de egoístas (o incluso resistiendo ese temor). Las que resuelven despojarse de la culpa por tal decisión. Sí. Todas ellas son quienes conforman el conjunto de mujeres que ha resuelto configurar una nueva subjetividad femenina. Se trata de un tipo de mujer que plantea un modo diferente de habitar su tiempo histórico, lo cual a su vez acarrea nuevas formas de operar con otros sujetos para poder configurar diferentes modos de sentir y pensar la cultura. A partir de la negación de la maternidad se constituye el movimiento “NoMo”, llamado así a raíz de la abreviatura heredada del sintagma inglés “Not Mothers”. Este grupo surge en Inglaterra en 2011 y si bien en un principio aglutinó a mujeres que por razones de infertilidad no eran madres, también juntó a aquellas que no desean serlo. En suma, quienes componen este grupo contra vienen el principio básico de la maternidad como una experiencia de vida obligatoria en las mujeres para lograr la completa realización. En España, este movimiento ha hecho carne a partir de un tipo de mujer que –en su aspecto más radical- exige como sujeto ciudadano el derecho a la esterilización, pues está convencida que su lugar en la sociedad no es el de madre y están seguras que no se arrepentirán. Frente al argumento que sostiene que se trata de un grupo de personas egoístas que solo piensa en sí mismas, poniendo como prioridad su realización profesional o su estatus económico, son ellas mismas quienes, por una parte, aceptan dicha proposición sosteniendo que efectivamente es así y no tiene nada de malo desear ser protagonista de su propia vida. En tanto, hay otras que revierten el mismo argumento para afirmar que lejos de ser una elección marcada por el egoísmo, se trata de una apuesta que no se basa en la felicidad que un niño traerá a la vida de la madre, sino más bien en poner como centro a ese ser humano no nacido e impedir que habite en un planeta que no presenta las mejores condiciones para ello. La escritora chilena Lina Meruane, autora del libro Contra Los Hijos (Random House, 2010), pone en cuestión el rol de la maternidad y la presencia de los hijos en la vida de las mujeres. Afirma tajantemente que la figura de los hijos bien puede ser pensada como “una especie de dispositivo cultural, social, político y económico para traer las madres de vuelta a casa” en un momento en que los Estados necesitan que haya estructuras que puedan hacerse cargo de lo que antaño fue responsabilidad estatal. Particularmente, la familia con una madre puertas adentro. Para Meruane, la presencia de los hijos y la vivencia de maternidades ultra exigidas sería la forma más eficaz de eliminar a las mujeres del mundo público. Al poner en tensión este ordenamiento que ha logrado instalarse en la sociedad como “algo natural”, también se cuestiona la voz del Estado como configurador de sentido y de representaciones.

En Chile, según la encuesta Casen 2017, las mujeres con mayor nivel educacional han postergado la maternidad, mientras que las mujeres con menos educación se convierten en madres a edades más tempranas. A estas estadísticas se agregan los datos entregados por el Centro de Estudios Públicos (2018) que sostiene que por cada año en que las maternidades se retrasan, los salarios de las mujeres aumentan en un 3%, al igual que las horas laborales trabajadas, las cuales suben en un 6%. Si bien yo soy una mujer que forma parte de estas estadísticas, pues soy una “madre tardía” que pensó mucho a su hija antes de concebirla (y que tuvo la fortuna de poder regalarle un muy buen papá), en el día de la madre exijo respeto por todas aquellas que decidieron no parir y que cuestionan la imagen mítica de la maternidad como otra de las tantas prácticas naturalizadas socialmente. Espero confiada que llegue el día en que a las mujeres no se les pregunte insistente e impertinentemente cuándo tendrán hijos y que las propias mujeres madres no las excluyan ni estigmaticen por el hecho de no serlo.

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