Opinión

La última postal de Notre Dame de París

Por: Diario Concepción | 16 de Abril 2019
Fotografía: Cedida

No hubo muertes, ni tampoco anuncios de atentados. Y, sin embargo, el mundo se conmovió, como pocas veces, ante las desoladoras postales que llegaban de París. Posiblemente fue un error, una falla que pudo evitarse, un imprevisto que costará demasiado caro. La caída de la torre de Notre Dame, las imágenes del fuego consumiendo ocho siglos de historia resultaron francamente desgarradoras, tanto para los que tuvieron el privilegio de visitarla, como para quienes soñaban hacerlo algún día.

Probablemente, no haya otra catedral en el mundo más conocida y valorada que la perla de París. Y no solo por su valor como impresionante monumento de la Iglesia Católica, no solo por su colosal historia (incluye la coronación de Napoleón como emperador), su aporte a la cultura (la inspiración de Victor Hugo), sino también, porque ya se ha transformado en un símbolo para la especie humana, un paradigma de la belleza y de la grandeza del espíritu colectivo. Y es que este tesoro de la arquitectura gótica, que se comenzó a construir en el siglo XII, y en el que durante siglos se volcó el ferviente trabajo de artesanos y artistas, se transformó en la catedral de lo sublime, de la belleza y de lo que hasta ayer creíamos eterno.

Viene al caso citar las palabras que le dedicó el poeta medieval Francois Villon a Notre Dame, por encargo de su madre, dando cuenta de la importancia de sus símbolos en la fe popular: “Soy mujer y pobre y ya muy anciana,/ Y todo lo ignoro y leer yo no sé,/ Mas en el monasterio del que soy parroquiana/ ¡Qué edén con laúdes y arpas se ve!,E infierno de réprobos hirviendo, que pavor me da uno, y el otro alegría”.

En medio del desconsuelo, el Presidente Emmanuel Macron envió un mensaje de esperanza, que también parece un desafío: “Reconstruiremos Notre Dame”. Una tarea que , aunque parece imposible, a la luz de lo que se ha perdido, es necesaria. Y el mundo le tenderá una mano, a sabiendas que la de ayer no puede ser la última postal de este monumento de la humanidad.

 

Francisco Bañados P.

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