Opinión

De política y participación

Por: Diario Concepción | 03 de Abril 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

ANDRÉS CRUZ CARRASCO
Abogado, magíster Filosofía Moral

La política resulta ser necesaria para que no sean algunos los que decidan por todos, que en general son los que disponen de más tiempo, que son al mismo tiempo aquellos que poseen mayores ingresos. Hay que asumir el compromiso que implica esta actividad, que no es sólo competir, sino que también cooperar y aceptar que lo bueno no necesariamente será aquello que satisface completamente lo que aspiramos. Hay que admitir que existen personas que pueden pensar distinto. La convivencia en un sistema democrático confiere un sin número de oportunidades, pero también nos sujeta a no pocos límites, como tolerar los márgenes de una realidad social e institucional. Habrá que transigir, que no es lo mismo que transar sin parar ni que dejarse derrotar o asumir la sumisión como algo aceptable. El cerrarse siempre en principios irrenunciables para no debatir es arriesgarse al mismo tiempo a frustrarse o devenir un autoritario cuando se dé la oportunidad de acceder al poder.

Se debe participar, más aún cuando la democracia se forja a partir de la desconfianza en todo absolutismo. Descansa en el hecho que cuando el representante pierde la confianza, le es revocado el mandato o no resulta ser reelecto. Esto no implica sacralizar la política. Es decir, esperar de ella la solución de todos nuestros problemas. Quienes hoy están desinteresados en la actividad política, dejándosela entregada a los mismos grupos de siempre, esperan de ella muchas ventajas, generándose expectativas desmesuradas que dependen no sólo de otros, sino que de ellos mismos.

Hay quienes para satisfacer sus necesidades de participar en alguna epopeya o para resistir fuera de la institucionalidad, demostrándose refractarios de todo el sistema, proponen el advenimiento de ideales por fuera del mismo, tratando de levantar viejas utopías. No pocos se han volcado en desempolvar añejos slogans, pero sin darse el trabajo de constatar como terminaron dichas experiencias. Está de moda estar en contra de todo, pero ya indignarse no es suficiente si se quiere ser algo más que un mero descontento de redes sociales, que sólo sirven para desahogarse de manera momentánea compartiendo con los que piensan igual. Si se quiere hacer algo útil, es esencial aglutinarse para encauzar el malestar acumulado y traducirlo en acciones efectivas que permitan, con las aportaciones de otros, en convertir nuestros sueños en realidad y no esperar que otros se despierten para actuar en el ámbito del juego democrático, luchando por algo concreto, más allá de la simple cólera e irritación, para contribuir eficazmente en alcanzar alguna transformación.

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