Opinión

La lección lila: otro fútbol si es posible

Por: Paulo Inostroza | 04 de Diciembre 2018
Fotografía: Gentileza Felipe Venegas | La Pelota es mía

Hace unos días le dije a alguien del “Conce” que esta columna tenía que ir sí o sí, independiente de si subían o no. Porque hace rato que el triunfo dejó de ser lo principal. Esta gente sufrió golpes peores y seguir a su club no tiene relación con los puntos ganados o el rendimiento del domingo. Lo importante no es que Concepción subió, aunque suene raro. Lo importante es cómo se hizo. Lo importante es que el León le demostró a la Anfp y al mundo que otro fútbol sí es posible. Que en una época donde el dinero nos convierte en títeres y hace lo que quiere, puede haber espacio para la rebeldía. Para negarse a ese modelo satánico y hacer las cosas con el corazón. Para volver a ese estilo romántico del club del barrio, pero con profesionalismo de primer nivel.

Concepción es el único club de Chile que pertenece a sus hinchas. Uno donde ellos deciden, pero además donde todos trabajan por su equipo. Pagan cuotas y entradas sin pedir descuento porque saben que ese dinero efectivamente entra y se invierte en el club. Manejan las redes sociales de manera brillante para invitar al hincha, para que toda la semana se hable de ellos y para crear un concepto de “portarse bien”. Porque pueden ser 3 o 20 mil en tribunas, pero la conducta siempre es nota siete. Y la dirigencia dialoga de tú a tú con el hincha porque también lo es, porque salió de ahí. El niño y la gente mayor entra gratis, se crearon las ramas de vóleibol, béisbol, básquetbol y corredores porque así era el “Conce” de los más viejos, el de los orígenes. Ese que recreaba el concepto de comunidad y de encontrarse en distintas instancias, no solo el fútbol. Compartir en Navidad, para el “18”. Los lilas se transformaron en una familia de verdad y no solo de palabra.

Concepción siempre se jactó de ser el equipo de la ciudad, pero no lo era. El hincha tenía la camiseta, viajaba e iba al estadio, pero el club nunca fue suyo. Estuvieron en manos de empresarios y bandidos que viajaban con la plata que llegaba del CDF y quedaron endeudados hasta con el Top Platinum. Le robaron todo, pero nadie castigó al ladrón. Castigaron al afectado. ¿Eso cabe en alguna cabeza? Pero lo lindo es que nunca le robaron todo porque el gran capital lila está en las venas. Los morados le demostraron a todos que definirlos como inviables es un chiste. Y lo hicieron con respeto, sin groserías. Entendiendo de a poco que la gente de Naval y Vial también son amigos. Que la pelea no es con ellos. Este Concepción cambió todo el concepto, mostró un camino a seguir y sigue escuchando ofertas, pero no se vende a cualquiera, porque ya no se trata de quién pone más pesos. Nunca más.

Lo importante no era subir, porque el amor no se trata de estar siempre bien. Se trata de pelear, tocar fondo y volver a la carga con más convicción. Se trata de lucir lo que amas con orgullo, aunque sea en Quinta y en una cancha llena de hoyos. No sé cuántos partidos ganó el Conce ni tampoco si su defensa fue la menos batida. Da lo mismo. Don Arturo, amigos peloteros: otro fútbol sí es posible.

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