De forma paralela, decenas de autos y camiones llegan a vender chatarra a recintos especializados.
La remoción de escombros se ha transformado en una de las tareas más urgentes tras los incendios forestales que continúan afectando a la Región del Biobío.
En comunas como Penco, Concepción y Florida, donde decenas de viviendas quedaron reducidas a cenizas, el despeje de terrenos representa el primer paso para cualquier intento de reconstrucción. En ese escenario, maquinaria pesada, camiones tolva y cuadrillas municipales conviven con recolectores de chatarra que, desde las primeras horas del día, forman largas filas para dejar fierros y metales rescatados desde casas siniestradas.
De acuerdo con el reporte diario entregado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), la actual temporada registra un total acumulado de 510 incendios forestales en la Región del Biobío. Si bien la cifra implica una disminución del 9% en comparación con igual período del año anterior, el impacto territorial ha sido considerablemente mayor.
La superficie afectada alcanza las 31.591,41 hectáreas, lo que supone un aumento de más de 3.000% respecto del año pasado y da cuenta de la magnitud y severidad de los siniestros.
En ese contexto, el Ministerio de Obras Públicas inició formalmente las labores de remoción de escombros en los sectores donde ya se levantaron las restricciones de acceso. El subsecretario de Obras Públicas, Danilo Núñez, explicó que el ingreso de maquinaria pesada solo es posible una vez que se completan las diligencias investigativas en terreno.
“Nosotros comenzamos el martes con la remoción de escombros en las distintas áreas en las que ya está permitido ingresar camiones y retroexcavadoras. Porque recordemos que el Ministerio Público junto con la PDI, primero hacen la investigación en terreno con la remoción de escombros”, señaló.
El trabajo partió en la Población Vipla, con seis camiones tolva y una retroexcavadora, aunque el despliegue disponible es mayor. Según detalló Núñez, el MOP cuenta con 20 equipos y maquinarias, entre ellos bulldozer, motoniveladoras y más camiones, los que se están coordinando con los municipios de Laja, Tomé y Penco para definir las zonas prioritarias.
Aunque inicialmente la proyección de la cartera considera un plazo cercano a un mes para esta tarea, la experiencia en emergencias anteriores abre la posibilidad de acortar los tiempos.
“Nosotros proyectamos el trabajo en alrededor de un mes, pero con la experiencia que tienen nuestros equipos, en otras situaciones similares en el país, creemos que podemos sacar este trabajo adelante en 20 días”, sostuvo el subsecretario.
La principal dificultad, dijo, no ha sido retirar los escombros, sino enfrentar la congestión vial que se produce por la gran cantidad de personas que llegan a colaborar.
“Hubo mucho apoyo por parte de los vecinos y de voluntarios (…). Están sacando los escombros, los dejan en las bermas y nosotros ahí vamos con la retroexcavadora colocándolo en los camiones”, explicó.
En paralelo a las labores operativas, el MOP trabaja en la cuantificación exacta del material a remover. Para ello, se están utilizando drones y visitas técnicas en terreno.
“De acá al viernes vamos a tener ya la planificación y el catastro real en magnitud. Yo me adelantaría a decir, solamente por la experiencia, que estimamos alrededor de 35 mil toneladas de escombros por remover en la Región del Biobío”, indicó Núñez.

Isidoro Valenzuela.
La gestión de esos residuos se estructura en distintas etapas. En una primera fase, los escombros se trasladan a zonas de acopio definidas por los municipios, que en muchos casos corresponden a canchas de fútbol o terrenos de propiedad municipal.
Posteriormente, se abre un proceso de reciclaje, considerando que gran parte del material corresponde a metales y otros componentes reutilizables.
“Hay mucho metal y distintas empresas o instituciones que reciclan algunos materiales de construcción. Lo que queda después se va a botaderos legales, que son la tercera etapa post emergencia y que cuentan con permiso del Ministerio de Salud”, explicó la autoridad.
Un punto relevante en este proceso es la propiedad de los materiales retirados. Según aclaró el subsecretario, todo lo que se extrae de una vivienda siniestrada pertenece a su dueño.
“Cada uno de los materiales que se extraen de una casa le pertenece al propietario, por lo tanto, es él quien decide finalmente si chatarriza. Lo mismo sucede con los vehículos siniestrados”, señaló, agregando que una vez que el propietario dispone los restos en la vía pública, estos pasan a ser retirados por los equipos y derivados a los circuitos definidos por el municipio.
El avance de las cuadrillas dependerá de la planificación municipal y de las necesidades que surjan desde las juntas de vecinos. Entre los puntos críticos se encuentran las escuelas afectadas por el fuego, considerando el inicio del año escolar en marzo.
“La principal prioridad es remover los escombros de las escuelas siniestradas. Eso está definido por la Seremi de Educación y ahí nosotros vamos a trabajar”, recalcó, enfatizando que el proceso requiere una coordinación estrecha con municipios, Carabineros y Fuerzas Armadas para garantizar seguridad y fluidez en el traslado de maquinaria pesada.
Mientras la institucionalidad avanza con la remoción masiva, en las calles y accesos a las chatarrerías se observa otra cara del proceso: la del comercio de fierros y metales rescatados desde las ruinas.
Luis Martínez González, conductor de uno de los camiones que espera su turno en una chatarrería de Jaime Repullo en Talcahuano, relata que su carga proviene del sector de El Pino, en Penco.
“Ahí había casas completas que quedaron en el suelo después del incendio. Lo que traemos son restos de cocinas, refrigeradores, fierros de la estructura y rejas que se doblaron con el calor. Los dueños nos pidieron ayuda porque necesitaban limpiar rápido el terreno y, al menos así, pueden sacar algo de dinero para empezar de nuevo”, comentó.
Una experiencia similar describe Rosa Inostroza Fuentes, quien llegó desde Punta de Parra. “Esto que ve acá era una vivienda completa, ahora es pura chatarra. Hay fierros, restos de camas, electrodomésticos quemados. La gente quedó con lo puesto y nos agradece que les ayudemos a despejar, porque ver todo eso tirado también duele”, señaló, mientras avanzaba lentamente en la fila para el pesaje.
Desde la Población Ríos de Chile, en Concepción, proviene el cargamento de Juan Soto Alarcón. Apoyado en la puerta de su camión, explicó que “quedaron puras cenizas y lo único que se puede rescatar es el metal. Son marcos de cama, rejas, portones, fierros que antes eran parte de una casa. Para los vecinos es una pérdida total, pero al menos la chatarra sirve para limpiar y juntar algo de plata”.