Opinión

Copiando todo a los argentinos

Boca y River animaron una final de escándalo, con bus apedreado, jugadores heridos, partido suspendido e hinchas agrediéndose en las afueras del estadio. ¿Esa es la pasión Sudamericana que tanto le enrostramos al europeo?

Por: Paulo Inostroza | 26 de Noviembre 2018
Fotografía: Gentileza ESPN

Tienen a Maradona, Darín, Charly y Ginobilli. Todos genios y eso que elegí solo cuatro cartas del mazo. Y aunque nos caigan mal, muchas veces queremos ser como ellos. Ahora escucho niños hablando de “caño” y relatores chilenos con acento argentino.

Asombrado descubro en Facebook amigos que esperan el clásico con camiseta puesta de River o Boca, como un segundo equipo que en su vida han visto en cancha. Como queriendo sentirse parte de algo que en realidad no es suyo. Pero pasa eso: muchas veces queremos ser como ellos. Y te venden “la final del mundo” como si en España alguien dejase de ver Barcelona con Atlético para detenerse en un clásico argentino. En Europa no tienen idea quién es el “Pity”. En televisión te meten una publicidad que eriza la piel, de esa que tan mal hemos intentado copiar mostrando la cordillera, la hinchada, unas lágrimas y al final la marca de una cerveza.

Y así también quisimos copiar un día eso de las barras bravas. Sí, porque eso era pasión en serio. ¡Qué es eso de mirar un partido sentado!¡Qué hincha es ese que no se saca la polera para alentar! También lo copiamos. Y otra vez lo copiamos mal.

A fines de los ’80 fui al estadio Las Higueras a ver a Los de Abajo. Sí, a ver la barra de la “U”, no al equipo. De hecho, el equipo era malísimo y el partido también. Fue cero a cero, nos fuimos veinte minutos antes que terminara. Ese día salimos corriendo y mi papá me llevaba cubierto con un chaleco, como si estuviéramos en Irak. No teníamos color, no éramos de ninguno de los dos equipos, solo papá e hijo intentando disfrutar del fútbol. Pero salimos arrancando mientras a un vendedor de maní le botaban la mercadería. Ese día supe que nada sería lo mismo.

Luego siguió Colo Colo y las barras se transformaron en cualquier cosa. Con facciones, líderes que pelean internamente dividiendo lo que se supone era uno solo, negociaciones con directivos bandidos, violencia contra rivales para imponer supremacía, en los barrios y el estadio. La familia se fue, las sociedades anónimas supieron hacerlos aliados. Se fueron los lienzos, prohibieron los bombos, Naval guardó el cañón. El fútbol se hizo más guerra que fiesta. Pero, claro, nos enorgullece “darlo todo por el equipo”, confundimos la estupidez con pasión y decimos que eso es Sudamérica, que los europeos son fríos porque no hacen estas cosas. Que son público de ópera.

Y así nos ganamos Estadio Seguro. Que debió ser para controlar a dos o tres barras, pero al final son a los que menos ojo le ponen. En eso, Boca y River muestran al mundo el papelón más grande de la historia en una final de Copa y acá los mal llamados hinchas. Del apedreo, del escándalo afuera del Monumental. No los dejen que copien. En serio, porque hasta para eso son malos.

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