Opinión

Las implicancias de ser designado

Por: Procopio | 09 de Noviembre 2018

Nos encontramos asistiendo al siempre renovado espectáculo de la ambición, el cual suele, en estos casos, estar cercano al otro escenario, el de los que preferirían no estar tan visibles. Se trata de nombramientos para los diferentes cargos, grandes y pequeños que dependen directamente, o no tanto, de la confianza del Ejecutivo de turno. El tradicional montaje de la nueva maquinaria administrativa e ideológica de un cambio de gobierno.

Serán designados a corto plazo, algunos o algunas, sin saber a cabalidad el escenario que les espera en estos tiempos de Chile. Varios de estos cargos tienen una altísima demanda y son objeto de sesudas deliberaciones partidarias para preservar las adecuadas cuotas de poder e influencia, ignorando no pocas veces la magnitud de las dificultades y las complejidades de los compromisos, por la urgencia de las demandas, por lo complejo de las gestiones requeridas para su desempeño, así como las acechanzas desde el otro lado de la vereda.

Damocles podría hacer comentarios muy pertinentes, el adulador y ambicioso cortesano del rey de Siracusa en el siglo IV A.C., Dionisio II, que no cesaba de envidiar la posición de su majestad y las infinitas ventajas que éste tenía. El rey le dejó estar en el trono donde se sentaba, Damocles descubre aterrado que, todo el tiempo, pendía sobre su cabeza una pesada espada suspendida de un cabello, ilustrando el peligro que representa la situación del poder.

Hay pesadas espadas esperando en los tronos que quedan disponibles y en los ya asignados, suspendidas tenuemente, algunas más prontas a caer que otras, tienen rótulos en los respaldos, para que nadie se confunda, cada sillón en cada puesto, esperando a sus, es de confiar por el bien de todos, afortunados ocupantes.

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