Opinión

De democracia y conmemoraciones

Por: Diario Concepción | 03 de Octubre 2018
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

¿Por qué nos tiene que importar la democracia? Hoy más voces invocan su inutilidad, ya sea por la mala formación de gran parte de la ciudadanía, que hacen que sus opiniones sean fácilmente maleables o que al votar lo hacen influidos por la cantidad de veces que el candidato haya participado en un matinal o bailado en un programa nocturno. Ya sea por validar el dominio de las clases superiores y que no solucionan la desigualdad y exclusiones que se fundan en diversos prejuicios, manteniendo una convivencia segregada y a una elite privilegiada anquilosada en el poder. Parece ser ingenuo que se pretenda a estar altura afirmar seriamente que la democracia es algo más que emitir un voto periódicamente para escoger entre una serie de candidatos impuestos por partidos políticos cuya organización, tal como la estructuración institucional, es absurdamente centralista. Sin perjuicio que el modelo requiere de profundas reformas para hacerlo realmente, y no sólo formalmente, participativo, es la única alternativa de gobierno que permite asegurar, aunque sea de manera simbólica en muchos casos, que el ejercicio de la burocracia sea usado para una mayor cantidad de personas, considerándose a todos como fines y no como medios. Así debería ser. Pero para que esta funcionalidad sea efectiva, resulta ser indispensable luchar de manera permanente desde el rol que nos cabe como miembros del grupo social para evitar que la democracia sea capturada por los que hacen de la política una profesión. Alexis de Tocqueville sostenía que “la participación local constituye un contrapeso esencial del “éthos” de egoísmo que promulga un mundo creciente de comercio y como preventivo contra la vulnerabilidad al dominio político que produce este “éthos”. Es esta participación política local la que compensa los intereses privados con una orientación hacia lo público, reduciendo la enajenación del gobierno que, de otro modo, experimentarían los ciudadanos de grandes Estados, con lo que nutre a una ciudadanía que controlaría las propensiones naturales hacia el poder gubernamental concentrado”, de lo contrario, no hay democracia.

Hoy la historia se escribe desde el centro, paradójicamente de manera profundamente antidemocrática, lo que resulta ser inherente a un modelo que excluye a las provincias del ejercicio de la democracia y que se conforma con mirar hacia Santiago, no sólo en cuanto a la toma de decisiones locales se trata, sino que también siendo espectadores de cómo se pelean por conmemorar una fecha tan trascendente como el 05 de Octubre, quedando una sensación de que en provincias no pasó nada.

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