Opinión

La posverdad de Homero

Por: Diario Concepción | 17 de Mayo 2018

Ya está demasiado instalado en el acerbo cultural de Occidente, el paradigma de Homero como un poeta ciego. Ello gracias al popular relato supuestamente historiográfico atribuido a Heródoto (aunque a estas alturas hay cierto consenso de que en realidad sería un Pseudo Heródoto, no el original). Como sea, este dudoso cronista nutrió de todo tipo de detalles sabrosos y absolutamente incomprobables, la historia de este rapsoda que había vivido hacia el siglo VIII a.C., unos 400 años antes que él.

Ya en el siglo XIX de nuestra era, una pléyade de investigadores alemanes de la obra homérica concluían con poco margen de error que la crónica de Pseudo Heródoto era falsa, desde la perspectiva histórica, y que la idea del poeta ciego correspondía más bien a un símbolo: el del sabio que no ve la realidad física, pero tiene una visión mucho más aguda del mundo de las ideas, del tiempo, del espacio, de la naturaleza humana y de la esencia de las cosas. De paso, los teutones arrojaron al mundo otro quiebre de paradigma: el autor de la Iliada y la Odisea no sería un Homero, sino varios, que la tradición unificó.

A mediados del siglo XX, otro poeta, que también era cuentista y ensayista, y que en este caso particular sí era ciego (o iba camino de serlo), escribió un cuento titulado “El Inmortal”, en que el protagonista no era otro que el mismo Homero. Hacia el final del relato, este poeta ciego, llamado Jorge Luis Borges, resumía magistralmente los casi 28 siglos que lo separaban de su par jó- nico: “Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo. Sólo quedan palabras. Palabras mutiladas, desplazadas, palabras de otros. Fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos”.

Un contundente recordatorio para los que sostienen que la manoseada posverdad nació hace 10 años.

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