Opinión

Biobío y la cuarta revolución industrial

Por: Diario Concepción | 13 de Marzo 2018
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Por: Felipe Harboe Bascuñán
Senador de la República

Asume un nuevo gobierno y con él, nuevas autoridades. Deseo éxito al nuevo Intendente y a sus equipos pues de ellos dependerá –en parte- que Biobío pueda fundar las bases para dar un salto, cualitativo y cuantitativo, en esta nueva era digital.

La tecnología llegó para quedarse. La automatización de los procesos productivos, de comercialización y logísticos demandan tanto del mercado como de las  autoridades un trabajo en conjunto y la fijación de incentivos adecuados para transformar a nuestra industria local acorde a los estándares de las nuevas demandas del mundo: Biobío tiene cualidades que le permiten soñar en grande, no obstante su concreción dependerá de las capacidades que podamos instalar oportunamente.

Un primer aspecto es la formación, en base a las demandas del mercado laboral ultra globalizado, gracias a la inmediatez de las comunicaciones. ¿Seguiremos evaluando a los estudiantes por su rendimiento en lenguaje y matemáticas? ¿Quién formará a nuestros niños y niñas para transformarlos en programadores, desarrolladores tecnológicos o expertos en economía del conocimiento y de datos? ¿Tendrán competencias en el uso de drones para courier, servicios de geomensura o fumigación de plagas en los sectores rurales?

¿Qué porcentaje de ellos hablará al menos un idioma adicional? ¿Cuántos centros de formación estarán capacitando a nuestros técnicos para atender a los camiones automatizados (que ya transportan nuestros productos)? Con estos ejemplos, sólo quiero evidenciar que la formación de capital humano será clave a la hora de intentar despegar en esta nueva era.

Un segundo aspecto es la incorporación de valor agregado a nuestra industria local. Debemos dejar de ser exportadores de chips y pasar a usar nuestras maderas como el principal elemento de construcción. El desarrollo de tecnologías y procesos industriales supone capacidades y apoyo estatal para iniciar su marcha. Ahí puede estar el salto productivo y la diversificación de servicios, transformando a Biobío en   una región pionera de la exportación de viviendas y  construcción en altura con madera local.

Un tercer aspecto es la infraestructura para la competitividad. Si de verdad Biobío quiere disputar el protagonismo tanto del mercado portuario de carga como del turístico, debe crear un centro logístico de gran envergadura, alejado de los asentamientos urbanos, interconectado con las regiones colindantes y pasos fronterizos para así transformarse en un corredor bioceánico.

No obstante, hay una deuda pendiente: las zonas de rezago de Arauco y el Valle del Itata. Allí, habría que promover un beneficio tributario considerable para empresas con vocación productiva puedan instalarse sin problemas. Se requiere reactivar dichas zonas con mejores oportunidades laborales y mayor desarrollo de emprendimientos, sean éstos productivos o turísticos.

Estos son los objetivos que debieran fundar un anhelado acuerdo público-privado, como ventanilla única del sector público con el sector productivo, donde además se promueva la reducción de la burocracia, con la consiguiente simplificación de los trámites para desarrollar una diversidad de negocios sustentables.

Biobío necesita de acuerdos mirando hacia el futuro. Es una región capaz de formar a su gente e incentivar la inversión. Así, con la llegada de nuevos capitales, la posibilidad de exportar servicios y productos con valor agregado, se asegurará el sustento en esta nueva era digital, donde el mundo está a un click y con él, la oportunidad del desarrollo.

Para todos estos desafíos, señor Intendente, cuente conmigo.

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