Opinión

Universidad y política

Por: Diario Concepción | 08 de Marzo 2018
Fotografía: Diario Concepción

Por: Danny Monsálvez Araneda
@MonsalvezAraned

Es imposible pensar y construir Universidad como si fuera un ente abstracto o ambiguo en el cual da lo mismo los derroteros que esta tenga. Toda institución, al estar conformada por hombres y mujeres, contiene intrínsecamente una serie de subjetividades que son el reflejo de la sociedad misma.

Hacia mediados del siglo XX y hasta la intervención militar en dictadura, la Universidad se había constituido en uno de los principales espacios de sociabilidad en los cuales se hacía política. Por una parte estaba la política partidista-electoral que disputaba cargos y espacios de poder y por otra la política vista como el pensar y el hacer colectivo de sus actores, particularmente del mundo académico. En ese proceso, la Universidad era un terreno privilegiado para debatir y analizar los grandes problemas que aquejaban al hombre y la sociedad; es más, la Universidad pretendía convertirse en un “faro” que buscaba iluminar (entregar directrices) sobre determinadas políticas públicas de los gobiernos de turno.

En esa perspectiva, resultaba extraño restarse de las discusiones y análisis de los problemas locales o nacionales; es decir, Universidad y política estaban de la mano, no había temor, miedo y menos pudor al decir que se estaba haciendo política, porque ésta se concebía de un punto de vista constructivista; es decir, cómo el binomio Universidad-política ayudan a construir una sociedad mejor. Pero ese proceso requería (requiere) de algunas variables.

Al respecto Bertrand Russel señala que uno de los principios básicos del quehacer académico es la libertad académica; es decir, los docentes, así como una autoridad, deben ser elegidos por su probidad y conocimientos en un tema de su especialidad. Por otra parte, los académicos deben animar y conducir las controversias de modo tal que arrojen luz sobre ellas; por el contrario, si se promueve el silencio y la no discusión, aquello no es otra cosa que privar a la comunidad de la política y del beneficio que implica el aprendizaje a través del diálogo y la confrontación de ideas.

Por ello, no existe nada mejor para una comunidad de actores que resolver las polémicas mediante la discusión y no por la fuerza, imposición o invisibilizándolas. De ahí la importancia de quien detenta un poder o cargo, en el sentido de escuchar siempre a quienes son sus contrarios, incluso dándole todas las facilidades para que ejerzan sus opiniones y críticas, lo cual contribuye a enriquecer el quehacer universitario ya que la discusión y el debate son quienes aportan los derroteros para el ejercicio de una buena política en la Universidad.

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